El que saca, repone

El auge de la soja obliga a restituir los nutrientes que se lleva el cultivo.

11deOctubrede2005a las08:06

El auge de la soja obliga a restituir los nutrientes que se lleva el cultivo. Las necesidades de nutrientes por tonelada producida duplican a las del trigo, y la inclusión de la soja en las rotaciones disminuye, en forma drástica, los niveles de fertilidad original de los suelos, alertó la entidad. En la última cosecha se extrajeron 1.200 millones de dólares en nutrientes y sólo se repusieron 140 millones de dólares.

La minería no repone los recursos que extrae, la agricultura sí. ¿Usted a qué se dedica?”. El eslogan publicitario integra la campaña que la Asociación Civil Fertilizar, conformada por diferentes actores del complejo agrícola, lanzó al mercado en un intento por concientizar a los productores sobre la necesidad de devolverle al suelo parte de los nutrientes que la producción de granos se lleva.

Más allá del contenido del mensaje, que derivó en una queja pública del sector minero por considerarlo ofensivo, la estrategia apunta a cuidar el suelo y a instaurar un uso racional de fertilizantes, en un escenario en el cual la soja ratifica su condición de monocultivo.

“Si bien es un tema que seguimos muy atentamente, por las características nutricionales de la soja, la campaña de promoción está dirigida a todos los cultivos. Queremos que el productor planifique la fertilización pensando en cuánto extraen ‘versus’ cuánto reponen. Vale decir, pensamos más en la película que en la foto”, aclaró a CMI Contenidos Enzo Cástino, gerente ejecutivo de Fertilizar, entidad que reúne a universidades y empresas privadas (exportadoras y proveedoras de insumos) de primera línea.

A sus enunciados, la asociación también le pone números. “La variación en rinde entre un suelo bien provisto de fósforo (20 partes por millón) y uno deficiente (siete partes por millón) es del orden de los 900 kilos. En algunas zonas, al estar bien provistas del nutriente, esta diferencia no se visualiza pero es evidente que es a costa de la fertilidad futura del suelo”, aseguran desde Fertilizar.

Lejos de renegar por el crecimiento del área sojera —en esta campaña trepará 6,3 % y llegará a 15,6 millones de hectáreas—, la preocupación de la asociación civil es que el cultivo no se fertiliza en forma racional. “Las necesidades de nutrientes por tonelada producida duplican a las del trigo, y la inclusión de la soja en las rotaciones disminuye, en forma drástica, los niveles de fertilidad original de los suelos”, alertó el directivo, quien aclaró que si la oleaginosa “sigue siendo rentable nos beneficia a todos”.

De acuerdo con los monitoreos realizados por la asociación, entre el 35 y el 40 por ciento de los productores fertilizaron la soja en la última campaña, un dato al que califican como poco. “Tenemos cálculos basados en estudios nuestros que dicen que en la última cosecha se extrajeron 1.200 millones de dólares en nutrientes y que sólo se repusieron 140 millones de dólares”, precisó Cástino.

EN EL CAMPO. Desde la campaña 1999/2000, Fernando Gazzoni viene monitoreando la respuesta de la fertilización en el cultivo de soja, dentro de un esquema de producción que incluye la rotación con trigo y maíz y la inoculación de la semilla de la oleaginosa.

“En suelos de mediana a buena fertilidad (de 1,8 por ciento a 2,2 por ciento de materia orgánica y 28 partes de fósforo por millón), los cultivos de primera y de segunda responden a la fertilización con fósforo y azufre con un plus de rendimiento de entre dos y tres quintales por hectárea”, precisó el productor de Monte Cristo.

En la soja de segunda, a pesar de la inoculación de la semilla, la cantidad de nitrógeno que aporta la fijación biológica no es suficiente. “Además del fósforo y el azufre, hay una respuesta a la incorporación del nutriente en ocho hojas”, indicó Gazzoni.

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