Retención moderada - Ignacio Iriarte (*)

Hay una restricción de oferta pero, sobre todo, hay una demanda extraordinariamente firme.

11deNoviembrede2005a las09:46

En la faena, están faltando entre 70 y 90 mil terneros mensuales pero, además, se está registrando una moderada retención de novillos y novillitos. Se difiere la venta, porque los precios del ganado hace tres semanas que suben, y la prudencia aconseja esperar hasta ver cuál es el nuevo nivel de precios de equilibrio.

Esta es la única época del año en que el ganadero puede hacer con facilidad, a pasto, kilos baratos; y la ganadería consiste precisamente en convertir forraje en carne. Este tipo de retención, la que se produce en medio de la turbulencia y la incertidumbre, generalmente es de corto alcance y termina con una sobreoferta de ganado a las dos o tres semanas de iniciada.

Se difieren las ventas, cargando kilos, porque la reposición literalmente no existe y la invernada que se consigue vale un disparate; si no se puede reponer se le cargan más kilos al novillo que ya se tiene. ¿Esto es especulación?

Otros demoran las ventas hasta enero, porque en lo que va de 2005 el aumento del precio del novillo (+26 por ciento) infla las ventas del corriente ejercicio e incrementa tanto el monto a pagar de ganancias como la tasa –que es progresiva– de este impuesto. Muchos estudios contables, en la Capital y en el interior, advierten al ganadero que vaya frenando las ventas, máxime si no quiere o no puede reponer.

Los feedlots, por su parte, por razones estacionales –y de prudencia– están ofertando mucho menos hacienda que en meses anteriores. Pero el problema es la demanda. En lo interno, hace ya varios meses que los frigoríficos consumeros vienen advirtiendo al Gobierno que el consumo está extraordinariamente firme, pese al alto nivel de ingesta ya logrado: 70 a 75 kilos.

La fuerza del consumo

La suba continua de los precios de la carne al mostrador, que es del 18 por ciento en lo que va del año, no parece ser suficientemente disuasiva para un consumo local que ha absorbido desde el final de la convertibilidad aumentos de precios del 143 por ciento sin aflojar un gramo en las compras. A medida que se incrementa la actividad económica, el empleo, y los salarios, aparecen “nuevos” demandantes de carne vacuna que, hasta hace poco, no comían carne y que con un ingreso, por modesto que sea, pasan a comer carne una o dos veces por semana. Así reemplazan a los cientos de miles de consumidores que no pueden hacer frente a precios de la carne 143 por ciento más altos, porque sus ingresos han crecido en mucha menor magnitud.

El Gobierno con su política económica, que ha apuntado a recuperar el empleo y los ingresos de los sectores más sumergidos, es en buena medida responsable de esta mayor demanda por alimentos, y dentro de éstos, por carne vacuna.

En la medida de que el crecimiento de la economía no se enfríe y se sigan registrando importantes aumentos en los salarios de los trabajadores en muy diversas ramas de la economía, el precio de la carne al mostrador seguirá creciendo por encima del Índice de Precios al Consumidor. Ahora, además, según el Indec hay evidencias de que han comenzado a subir los ingresos de los trabajadores en negro o informales, que comprenden no menos del 40 por ciento de la fuerza laboral empleada y que, desde el final de la convertibilidad, no habían tenido muchos ajustes en sus jornales.

Dos factores adicionales de firmeza en la demanda interna son también la sucesión de fines de semana de tiempo fresco y luminoso, que favorecen los asados, y las compras de carne para stockear que empiezan a hacer en esta época muchos supermercados y frigoríficos con vistas a las fiestas de fin de año.

Se guarda en cámara todo lo que se puede (asado, matambre, vacío, peceto, colita); el año pasado, la venta de carne vacuna de los supermercados aumentó un 35 por ciento en diciembre con respecto a noviembre. Este año,

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