La receta contra la inflación incluirá dosis iguales de política y economía

El Gobierno no ahorrará pragmatismo para tomar medidas que crea necesarias. Así lo demuestran las últimas decisiones para frenar las subas en la carne.

24deNoviembrede2005a las08:30

A 38 días del fin del año, los pronósticos de los economistas para 2006 muestran unanimidad de criterio en algunos temas y grandes diferencias en otros.

Afortunadamente la mayoría apuesta a que el año próximo la economía seguirá creciendo y fuerte. Parten del hecho de que este año se acrecentará entre 8,5 y 9% y que eso determina que 2006 tendría asegurado un avance de entre 5 y 6%.

Lamentablemente, también hay coincidencia en que la inflación seguirá amenazando al bolsillo de la gente. En los últimos tres años la inflación se fue duplicando, y de 3% pasó a 6%. Y este año podría superar el 11%.

El Gobierno pronostica que el aumento del costo de vida no superará al de este año, pero hay algunos signos de interrogación sobre cómo lo podrá lograr.

El presidente Kirchner aseguró que para combatir la inflación no recurrirá a métodos ortodoxos (léase, no quiere que suba la tasa de interés) y dejó la puerta abierta para pensar posibles estrategias oficiales.

A juzgar por lo que pasó en las últimas semanas con las medidas para intentar combatir la suba de la carne, habría que concluir que la estrategia oficial no ahorrará pragmatismo.

Una de ellas fue la marcha atrás para la prohibición de enviar al mercado animales que pesasen menos de 260 kilos. Eso fue una señal para aumentar la oferta vacuna en el futuro.

La suba de la carne en los mostradores pudo más que la decisión de favorecer un crecimiento del stock ganadero.

La otra medida fue la suspensión de los reintegros de 5% a la exportación de carne. Y esta es una señal llamativa porque implica ir contra una de las ideas fuerza que sostiene Economía: no recurrir a la baja del dólar para aquietar los precios.

Sin embargo, en la práctica eliminar un reintegro a la exportación es bajarle el dólar.

Es en este contexto en el que se podría arriesgar que el Gobierno piensa combatir la inflación con un amplio abanico de instrumentos. Allí, seguramente, no estará ausente la presión directa del Presidente sobre empresas y empresarios.

El principal argumento en la lucha contra la inflación será, sin duda, el superávit fiscal.

Ya Lavagna adelantó que hasta abril harán un fondo con todo el dinero del superávit que exceda lo que establezca el Presupuesto. Así puso a la cuestión fiscal —una visión netamente ortodoxa— en el centro de la pelea contra la suba de los precios. No habría que descartar alguna suba de la tasa de interés, aunque nunca sería el centro de una estrategia.

También insistirán con los acuerdos sectoriales (carne, lácteos, etc) pero es evidente que su efectividad resulta relativa y sólo temporal. En realidad lo que más desearía Lavagna es que no se hable del tema, aunque anteayer cayó en una trampa y dijo que no habrá indexación.

Evidentemente que con 10% de inflación anual la indexación es innecesaria y —en la visión de los economistas que ven cuestiones macro y no el bolsillo contante y sonante de la gente—, tolerable para la mayoría de la sociedad.

Con el ritmo de crecimiento que tiene la economía es impensable que los productores de bienes (alimentos, indumentaria, etc) y de servicios (colegios, prepagas, luz, gas, etc) no intenten mejorar sus precios de venta. Frente a eso, lo que habría que esperar es una batería de distintas medidas y mucha presión política.

Desde ya, que en este contexto el tema de las tarifas de los servicios públicos cobra relevancia.

En la Casa Rosada insisten en que no habrá aumento por lo menos de las tarifas domiciliarias de gas, luz y teléfonos. Y desde la empresas remarcan que sin tarifas rentables no se pueden llevar a cabo las inversiones necesarias para

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