Inflación: ¿sirven las retenciones al agro?

Los analistas siguen de cerca la evolución del sector productivo y sostienen que las ganancias son bajas.

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02deDiciembrede2005a las08:16

Cuando se modifican los precios relativos, como resultado de una megadevaluación, en definitiva lo que importa es el tipo de cambio efectivo real. ¿Qué significa esta expresión? Pues que si sube el nivel de inflación, menor será el tipo de cambio real, y si se aplican derechos de exportación (retenciones) y se reducen los reintegros a la exportación, más bajo será el tipo de cambio. En síntesis, puede darse una situación donde el productor quede igual o incluso peor después de la devaluación.

El tipo de cambio efectivo está dado básicamente por el nivel de impuestos que acarrea. Y las retenciones son impuestos que gravan la producción destinada a la exportación.

En los últimos meses, está claro que la presión de la inflación se hace más patente. Ya está en niveles superiores a dos dígitos; de superar el 15% comenzaría su retroalimentación. Tal esquema no resulta improbable puesto que hoy la oferta comienza a ser superada por la demanda.

Los últimos años se caracterizaron por la escasa inversión. Así las cosas, hoy la economía ha alcanzado el pleno uso de los factores de producción. Por ello, la oferta no está en condiciones de satisfacer la demanda actual. Y en este contexto, el gobierno se ve fácilmente tentado al aumento del porcentaje de retenciones como instrumento central de su política antiinflacionaria.

Las carnes hoy están en el centro de la escena. Como si no hubiera problemas estructurales, el complejo cárnico se encuentra sometido a la presión oficial, como en el caso de la reducción del stock ganadero, y a una sustancial mejora en la demanda internacional. El incremento de las retenciones es una clara estrategia que deriva en pan para hoy y hambre para mañana. Para peor, el pan de hoy es de escasa efectividad. Pero lo que no resulta neutral es el efecto sobre el mediano plazo. Este tipo de intervención, claramente alejada de un plan estratégico, impone las condiciones necesarias para la liquidación del stock y la baja de inversiones, que empezaban a dar incipientes frutos.

El efecto de un tipo de cambio efectivo real en baja es perverso. Porque en la medida en que el tiempo transcurre, el empresario sabe que por cada dólar que recibe, menos será su capacidad adquisitiva. Y, además, predispone al conflicto sociedad-cadena cárnica pues de acuerdo con la percepción general, los ingresos del sector parecen altos, cuando en realidad la ganancia es baja, básicamente porque los costos de los insumos -muy relacionados con el tipo de cambio- son elevados. La realidad es que las retenciones disminuyen los ingresos, pero no disminuyen los costos, lo que provoca una distorsión que atenta contra la eficiencia de la producción.

Por ello, la incertidumbre derivada de una estrategia fiscal que utiliza las retenciones para cerrar las cuentas públicas e imponer un freno a los precios es el elemento que mayor daño provoca. Esta es una estrategia enmarcada en una economía que se cierra cada vez más.

Si uno quiere deshacerse de un boomerang lo puede tirar lejos, pero debe saber que en algún momento va a golpearle, por detrás, la cabeza. Así funcionan las retenciones. Sin duda atentan contra la inversión. Y la inversión es la garantía para el incremento de la oferta.

Manuel Alvarado Ledesma

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