Faltan nuevas políticas que incluyan al campo

Como decía un amigo, «no soy de izquierda ni de derecha, y del centro estoy muy lejos».

14deDiciembrede2005a las08:23

Como decía un amigo, «no soy de izquierda ni de derecha, y del centro estoy muy lejos». En estos días, la «mayoría» de las personas son de centroizquierda y pronto serán de centroderecha; todo es maniqueísmo para quedar bien, sin saber con quién. La Argentina debe mirar hacia adelante porque la salida está adelante. Adelante en el tiempo y en el espacio. No en los quiebres de la historia, ni en la ilusión perdida, tampoco en el desprecio o en la agresividad atajada en el vientre del resentimiento.

Todos debemos cambiar el estado de ánimo, debemos buscar la paz y, de la resignación, saltar a la ambición y al optimismo, sólo así podemos recrear nuevos objetivos de crecimiento y bienestar general.

Cuánta razón ha tenido Armando Tejada Gómez cuando afirmó, en una estrofa del poema «La veleta y el viento»: «Como el mundo es redondo se aconseja no situarse a la izquierda de la izquierda, pues por esa pendiente, el distraído suele quedar de pronto a la derecha». Al poeta sólo le faltó escribir que la salida estaba adelante, aunque así pensaba. Hemos vivido durante más de 70 años yendo para atrás; esto no es un juicio sin fundamento, es una afirmación incuestionable. En 1930 entramos en la etapa de recurrentes crisis políticas y en los ''50 entramos en las permanentes crisis económicas.

Cuando llegamos a la pubertad de nuestra historia empezamos con el jueguito pendular de saltar de izquierda a derecha; fue en ese momento cuando empezamos a dar prioridad a las emociones por pertenencia y a la toma de posiciones, allí empezamos a perder. Perdimos el rumbo y dejamos de ir hacia adelante. Entramos en crisis y no salimos más. Dicen que la palabra «crisis» viene del griego y quiere decir «elegir».

Ahora es el momento de elegir. Cada uno de nosotros debe tomar una brújula y apreciar que el norte está siempre está adelante, en el frente; a partir de allí podremos elegir el camino a seguir, aunque tengamos el viento en contra; lo importante es saber a dónde queremos llegar.

Se pueden rescatar cosas del pasado, pero sólo las que sean funcionales para el futuro. Cuando nuestros antepasados se pusieron de acuerdo, con la Constitución de 1853, luego de las guerras interiores entre federales y unitarios, entre el interior y el puerto, entre la economía abierta y la economía cerrada, la Argentina encontró el norte, allá por 1880. Durante 50 años transitamos el camino de la consolidación como un país con posibilidades ciertas de ser líder en el mundo. España, Italia, Francia, Bélgica, Polonia, etc. estaban en la lona, expulsaban población.

Sin embargo, no nos dimos cuenta de que, a mediados de los años 50, el mundo empezó a cambiar, fue cuando el número de empleados de saco y corbata superó en cantidad a los obreros de mameluco azul; cambio que se aceleró con la crisis del petróleo de principios de los, ahora nostálgicos, años ''70. Sin embargo, no podemos perder el rumbo nuevamente, debemos entender que el norte marca la Organización Mundial de Comercio (OMC), el norte marca la demanda de alimentos de China, India y otros países del sudeste asiático que albergan a más de la mitad de la población mundial y lograron su norte hace más de 20 años. Hoy China dirige la batuta, así como Inglaterra fue nuestro mejor socio y consumidor hasta los años 30. ¿Quiénes invirtieron en los ferrocarriles, en la energía, en los subterráneos? Hoy más de 60% de las exportaciones chinas son realizadas por empresas de capital extranjero radicadas allí. La base del perfil industrial de la Argentina está en la industria de los alimentos, es nuestra naturaleza, no debemos sentirnos acomplejados porque tenemos ventajas en la producción y exportación de granos o carnes. Podemos duplicar la producción, pero el Estado debe sacar los pies de encima

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