El glifosato, como agua bendita

Para hacer frente a la roya en soja y trigo

19deDiciembrede2005a las08:35

Advierten que puede utilizarse en tratamientos preventivos y curativos de esta enfermedad. Habrá que evaluar y qué es lo que sucede en nuestro país.

Aquellos que aseguran que la soja resistente a glifosato (RR) es la punta del iceberg de la biotecnología, hoy vuelven a ratificar que hay mucho más debajo del agua. El nuevo descubrimiento lo aporta el rol que tendría el herbicida de acción sistémica en el control de la roya asiática.

En principio, relacionar herbicidas con enfermedades suena raro. Pero una investigación realizada por la empresa Monsanto en Estados Unidos, en colaboración con el Departamento de Ciencias de la Universidad de Washington, concluye que el glifosato actuaría como inhibitorio de la roya en trigo y soja resistentes al herbicida.

El informe, publicado el 17 de noviembre por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, confirmó la actividad del glifosato en tratamientos preventivos y curativos para la roya de la soja (Phakopsora pachyrhizi). La razón es que el herbicida ataca una vía metabólica que comparten vegetales, bacterias y hongos.

Esta novedad fue presentada durante el lanzamiento del portal especializado Planeta soja.

"La investigación en Estados Unidos está realizada sobre dos genotipos, pero, es un tema para tenerlo muy en cuenta. Habrá que evaluarlo en el país durante esta campaña", aseguró Héctor Baigorrí, referente nacional en el manejo del cultivo de soja y director técnico del sitio en Internet.

Resistencia
Los investigadores estadounidenses comprobaron que en los trigos RR (que aún no están en Argentina), el glifosato tuvo una actividad tanto preventiva como curativa contra los hongos responsables de causar la roya estriada y de la hoja. "Estudios preliminares en invernáculo también demostraron que la aplicación del herbicida en soja resistente a glifosato reprimió a la roya de la soja", según se precisa en la investigación.

Los patólogos del INTA y de las Universidades, de ahora en más, tendrán la tarea de confirmar si los resultados obtenidos en Estados Unidos se trasladan a los lotes argentinos.

"Si esto funciona con nuestros genotipos, condiciones ambientales y los biotipos de roya que tenemos, pueden llegar a surgir mezclas de fungicidas con glifosato que abaraten y potencien el control", destacó Baigorrí.

Mientras no aparezcan en el mercado variedades resistentes a la enfermedad (no será por un par de años), el monitoreo de los lotes, a partir del desarrollo de la planta R3 (formación de vaina) y R5 (llenado de grano), seguirá siendo la mejor estrategia.

El especialista advirtió que "mientras no se resuelva el tema de la propiedad intelectual por el uso de la tecnología en semillas, la inversión extranjera en mejoramiento genético va a estar acotada".

Herramienta básica
Ante este escenario, la vigilancia es la principal herramienta preventiva. Comienza con el monitoreo, cada 15 días, en los primeros estadios vegetativos del cultivo.

Frente a la presencia de la enfermedad, las mezclas de fungicidas formulados con la familia de triazoles y estrobilurina han demostrado, hasta el momento, muy buena respuesta. Aplicaciones experimentales en formación de la vaina y llenado de grano aportaron más de 862 kilos por hectárea sobre los testigos sin tratamiento.

El desarrollo de la enfermedad está sujeto a las condiciones ambientales. Su mejor hábitat está determinado por temperaturas que van entre los 11 y los 28 grados centígrados, con una humedad relativa alta (80 por ciento) y períodos de mojado foliar (por riego o lluvias) de seis horas.

Para esta campaña, todas las fichas apuntan a que la enfermedad tendrá una mayor presencia que en años anteriores. La identificación en setiembre de pústula en soja guacha son el primer indicio de que el hongo está presente en los rastrojos.

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