Manejo y Tecnología, la fumigación

Los hermanos Moreno, de Pergamino, son agricultores, ganaderos e integran el mayor grupo de fumigación aérea del país.

04deFebrerode2006a las09:32

Alejandro Moreno es de Pergamino, en el corazón agrícola de la Argentina, pero trabajó en casi cada extremo del territorio nacional: desde el volcán Lanín, en la Patagonia, hasta los campos de Tartagal, a apenas un puñado de kilómetros de Bolivia. ¿Qué lo llevó a lugares tan distantes? La fumigación aérea. Además de ingeniero agrónomo, agricultor y ganadero, Moreno es uno de los socios del grupo empresario más grande del país en el rubro: suma nada menos que 12 aviones de última generación.

Moreno, su empresa y su pensamiento muestran desde varios ángulos lo que es la Argentina productiva, las oportunidades de ofrece y los vaivenes a los que está sujeta. Veamos.

En 1992, cuando tenía 28 años, el joven ingeniero agrónomo Moreno se asoció a su hermano Pablo, que trabajaba como piloto en una empresa de fumigación aérea, para comprar un pequeño avión. Así, hace 14 años, comenzaron a trabajar. Le pusieron al emprendimiento el nombre de Aviación Agrícola La Noria, como el campo familiar de 1.000 hectáreas en Pergamino.

Apasionados por la técnica, cada año que pasaba tenían más trabajo. Así, en 1996 los dos hermanos dieron quizás el primer gran salto. Vendieron los dos aviones que ya por entonces tenían y con un crédito ("casi a sola firma", dice Moreno) del fabricante estadounidense, compraron su primer Airtractor turbohélice, un avión de 500.000 dólares que era como correr en la Fórmula Uno del negocio.

Acompañando el crecimiento de la producción en la Argentina, los Moreno supieron insertarse en ese entramado de redes que dio sustento al despegue agrícola de los ''90. Y lo hicieron, indica Alejandro, en base a "un trabajo diferenciado, con sustento técnico. Siempre apuntamos a eso para hacer las cosas de la mejor manera posible".

En los comienzos, casi el 40% del trabajo provenía de los fungicidas en trigo. Eso casi desapareció. Más adelante, el 30% de la campaña era contra el barrenador en soja, pero el año pasado hicieron sólo 4 lotes. Es decir, los cambios fueron permanentes. Pero la empresa de los Moreno supo adaptarse y crecer.

El contacto frecuente con la marca del avión que compraron le permitió a los hermanos conocer a quienes serían luego sus socios en el principal grupo de fumigación aérea del país. Se trataba de otras empresas del rubro ubicadas en Cañada Rosquín, al norte de Rosario, y en San Guillermo, cerca de Santa Fe capital. Con ellas coincidió en que, cuando corría el año 1997, había una buena oportunidad de trabajo en Tartagal, Salta, con el algodón. Así, constituyeron ARPPHA (una sigla que se integra con las iniciales de los socios), sacaron un nuevo avión y hacia allá se dirigieron.

En aquella zona el grupo supo ver una oportunidad. "La fumigación es clave para el algodón. Si no se hace como corresponde puede no cosecharse nada. No es como la soja en Buenos Aires, donde por la falta de un buen fumigador aéreo las plagas pueden hacer que se pierda entre un 10 o 15 por ciento en el rinde", explica Moreno.

El desembarco en el Norte trajo pocos meses después la incorporación de un socio local, con base en Tucumán. Hoy, entre sus cuatro componentes, ARPPHA tiene los 12 Airtra