Aceptaremos el resultado, sea cual sea

Ante una plaza llena, Kirchner pidió acatar la votación de hoy en el Senado; dijo que así lo había pedido la Presidenta; por eso, aseguró que no iba "a presionar a nadie" ; acusó a los ruralistas de actuar con "grupos de tareas" y "comandos civiles".

16deJuliode2008a las07:02

Néstor Kirchner tuvo la demostración de fuerza, de poderío político que había reclamado. En la Plaza del Congreso, ante 103.000 personas, según la estimación efectuada por LA NACION -para la organización, fueron 300.000-, movilizadas principalmente por sindicatos aliados, organizaciones sociales e intendentes del conurbano, el presidente del Partido Justicialista (PJ) afirmó que el peronismo y el Gobierno "aceptarán el resultado, sea cual sea", de la votación de hoy en el Senado, donde se definirá el futuro de las controvertidas retenciones móviles.

Pareció un mensaje por elevación al campo; algo así como que los ruralistas deberían acatar una posible derrota sin patalear.

El acto del oficialismo opuso algunos conceptos contemporizadores de Kirchner con el simbolismo de un país dividido por dos actos política y socialmente antagónicos. El ex jefe del Estado habló, más de una vez, de "unidad", "amor", "más democracia" y "más institucionalidad". Las imágenes y, sobre todo, la lógica de las dos movilizaciones simultáneas no acompañaron.

Kirchner, que organizó su movilización un día después que las entidades ruralistas, aprovechó el contexto para invocar los logros de su gobierno en el período 2003-2007, para insistir en la teoría de la desestabilización, para acusar al campo de actuar con "grupos de tareas" y "comandos civiles" -por las agresiones a algunos dirigentes del oficialismo- y para cuestionar "a los que querían destituir al Gobierno, actuaban en la oscuridad y ahora se juntan en los diarios", en alusión a Eduardo Duhalde, Luis Barrionuevo y José Manuel de la Sota.

La idea de un peronismo poco dócil y en constante movimiento circuló constantemente por la Plaza del Congreso. El líder del PJ, de hecho, lo mencionó elípticamente cuando criticó "a los que quieren enlodar a Perón y a Evita y ahora se abrazan junto con los que históricamente estuvieron contra los intereses populares nacionales".

También los gobernadores Sergio Urribarri (Entre Ríos) y Daniel Scioli (Buenos Aires), únicos oradores antes de Kirchner, mencionaron la dispersión peronista.

"Aparecieron los agoreros y oportunistas incluso en nuestro espacio. Estaban calladitos", señaló el entrerriano. Scioli adjudicó la dinámica interna del PJ a los reacomodamientos preelectorales. "Todos tenemos aspiraciones, pero tengamos prudencia. No es el momento de desatar luchas internas", pidió.

"Dijo Cristina..."
Kirchner mencionó al menos cinco veces a la presidenta Cristina Kirchner. "Ella me pidió que juramentara ante ustedes que vamos a respetar la decisión del Congreso, sea cual sea. No vinimos a apretar a nadie", aseguró desde un escenario compartido con varios gobernadores oficialistas. Faltaron Juan Manuel Urtubey (Salta), Jorge Sapag (Neuquén), Mario Das Neves (Chubut) y los radicales aliados Arturo Colombi (Corrientes) y Gerardo Zamora (Santiago).

Si bien más que el mensaje la lógica de la movilización oficialista fue no regalarle el escenario mediático al agro, Kirchner puso énfasis por enésima vez en la idea del golpe. "Acá quisieron destituir al Gobierno y desestabilizar a la patria", afirmó.

Cuestionó luego algunas agresiones a diputados oficialistas en el interior del país. "Basta de cortes de rutas, basta de grupos de tareas, basta de comandos civiles, basta de enfrentamientos y cobardía", reclamó. No se refería a ningún dirigente del oficialismo.

También hubo críticas para Alfredo De Angeli, jefe de la Federación Agraria de Entre Ríos: "Con una actitud de caradurismo inadmisible, un dirigente dijo que paguemos el lomo a 80 pesos, como lo

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