Una pyme de Lobería hará el primer aceite de girasol premium del país

Pese a que la idea inicial era exportar, las retenciones y el alza de los costos internos obligaron a cambiar el negocio, que ahora apunta básicamente al mercado interno.

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16deJuliode2008a las16:45

Rubén Saffarano es abogado, pero desde el año pasado también preside Compañía Oleaginosa del Sur (Codelsur), una pyme aceitera que busca hacerse un hueco entre las colosales firmas que dominan el rubro en el país y en el mundo, como las locales Molinos y Aceitera General Deheza, o las multinacionales Cargill, Glencore o Bunge.

“Soy oriundo de Lobería. Siempre quise hacer algún negocio con la producción agropecuaria. He sembrado, tuve un feedlot (establecimiento de engorde bovino a corral), estudié el fraccionamiento y distribución de azúcar del NOA”, cuenta, pero terminó descartándolo.

En 2005, dice, se juntó con un amigo y cliente productor agropecuario, vieron a un italiano con campos en el país y distribuidor de productos agropecuarios en Italia, hablaron con una pequeña cerealera de la zona, visitaron a un fabricante de equipos para plantas de biodiesel de Rosario, y se fue pergeñando el proyecto. “Me recorrí todas las aceiteras, hice algún curso, hasta que fuimos determinando que el negocio era éste, pero no podíamos competir en escala con las aceiteras”, ni al vender ni al comprar, dice Saffarano. La zona del sudeste de Buenos Aires es fuertemente triguera y girasolera, además de ganadera, y allí pisan fuerte Cargill y Oleaginosa Moreno, con enormes plantas aceiteras.

“Entonces decidimos hacer aceite de girasol con alto valor agregado, sin solventes ni ningún tratamiento químico, sino meramente mecánico, como el de oliva, de primera prensada en frío. Un producto premium que mantiene todas las propiedades químicas del girasol, con el que apuntar a nichos de mercado del exterior”, dice.

Así, el año pasado, Saffarano y José Larrauri como socios individuales, y la cerealera Barón y las agropecuarias El Alfarero y la Primavera asociadas como empresas, formaron Codelsur, y montaron en Lobería una planta con capacidad para procesar de 18.000 a 20.000 toneladas de semillas de girasol al año, de las que se obtienen unas 7.000 toneladas de aceite y otras 9.000 de expellers. De allí, pueden llenar unos 6 millones de botellas de vidrio de 750 cc, como eligieron comercializar el producto, “el primero en su tipo en el país y uno de los pocos en el mundo”. Un volumen importante para un artículo selectivo.

Se presentaron en la mayor feria de alimentación del mundo, en Anuga (Alemania), donde “surgieron muchos contactos, pedidos de cotización y de muestras”, e incluso el año pasado exportaron a Italia y Dinamarca. Pero el aumento a las retenciones al aceite (que no hacen distinciones de calidad) y la inflación les quitaron competitividad. “Nuestro aceite se volvió más caro que el de oliva europeo”, ilustra el ejecutivo.

Con $ 12 millones invertidos, reaccionaron redirigiendo la mira hacia consumidores de buen poder adquisitivo en el mercado interno, y ahora están cerrando con supermercados. La botella en góndola costará unos $ 16. Bastante más que el aceite de girasol común y menos que el de oliva.

Los acuerdos y desacuerdos de las demás aceiteras con el Gobierno tienen a Codelsur sin cuidado. Por ahora, la empresa tiene una relativa integración vertical, ya que le compra la materia prima a dos socios. “Pero, dependiendo de cómo vaya el mercado, podemos comprar también a terceros, incluso canjear semillas por expellers (que los feedlots utilizan para ali mentar a los animales).

Por Alejandra Groba.

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