Cacerolazos al ritmo del debate en el Senado

Tomaron fuerza pasada la medianoche.

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17deJuliode2008a las07:10

Apenas pasadas las 8 de la noche, Zulema esperó que el semáforo se ponga de su lado y, cacerola y palo en mano, se paró en el cruce de las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento, frente al monumento a Urquiza. Esta mujer de cincuenta y tantos años oriunda de Ramírez, Entre Ríos, y amiga de Alfredo De Ángeli, empezó a hacer ruido y unos 300 chacareros la siguieron.

Así comenzó el cacerolazo que los productores que se habían acercado al Rosedal a escuchar el debate en el Senado realizaron en esta Capital. Luego marcharon por Santa Fe hasta Callao, saludados desde los balcones de los edificios por varios porteños. Y de allí, al Obelisco.

Los productores del túnel subfluvial que une Paraná con Santa Fe pusieron su pancarta al frente de la protesta y arrancaron con los cantos: “Si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”; “Se va a acabar, la dictadura de los K” entre otros.

La convocatoria al cacerolazo no tuvo una masiva repercusión, pero alcanzó para alborotar el tránsito, aunque la mayoría de los automovilistas saludó con bocinazos a los caceroleros.

Pocos porteños se sumaron. Apenas algún deportista que corría por los bosques de Palermo y alguna vecina que paseaba a su perro. Pero poco les importaba a los productores.

“¡Que venga Alfredo!”, pedían, aunque De Ángeli no apareció. “¡Vamos a Plaza de Mayo!”, propuso una voz ronca, pero la propuesta no prosperó.

La tartera de Zulema ya estaba agujereada. “La compré recién, para esto. Cinco pesos me salió”, le dijo a El Cronista. “Tengo una concesionaria de tractores Holland y no vendo ni uno hace tres meses”, se quejó, orgullosa de haber comenzado con el lío. La policía se las ingeniaba para que la rotonda no estuviera totalmente cortada. Los vendedores de banderas, que venían de una tarde pobre en el Rosedal, respiraron aliviados, desenfundaron y siguieron a los manifestantes.

A recoleta

Pasaron 40 minutos de protesta y, por sugerencia de algún dirigente de la mesa de enlace, la protesta enfiló por Sarmiento hasta Santa Fe, rumbo a la coqueta intersección de esa esquina con Callao. Pero la dirigencia no participó del cacerolazo. Seguía el debate en el Rosedal, como lo venía haciendo desde el mediodía. “Si quieren hacerlo, por lo menos los organizamos un poco para que no se dispersen, pero nosotros no vamos”, contó un importante directivo de una entidad.

Cuando la caravana llegó a Plaza Italia, algunos quisieron quedarse allí, “con las vacas”, frente a La Rural. Pero la columna siguió por Santa Fe hasta Callao blandiendo cacerolas, botellas de plástico y lo que hubiera a mano.

Desde los balcones de los edificios de Santa Fe caían papelitos, colgaban banderas argentinas, aplaudían, agitaban y golpeaban alguna cacerola. Pero pocos se sumaron a los productores.

En Recoleta los esperaban algunas cacerolas que repudiaban la votación en el Congreso, que a esa hora se inclinaba hacia el “sí” al proyecto oficial sobre retenciones móviles. Cuando la suerte del campo en el Senado empezaba a cambiar, siguieron hacia el Obelisco.

Por Esteban Rafaele.

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