Las dudas de una noche histórica

El modelo económico necesitará de correcciones en varios aspectos. Pero éste será el segundo paso de un Gobierno que necesitará, primero, reconstruir su poder político para imponer los cambios.

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17deJuliode2008a las07:41

Una doble votación empatada en una madrugada histórica, que terminó zanjando el vicepresidente Julio Cobos al sepultar el proyecto del Gobierno. Más de 17 horas de debate, con discursos elaborados, sentidos, técnicos y, en algunos casos, con reproches políticos.

Todo eso pasó en un Senado que tenía un presentismo completo de 72 miembros, y un presidente natural que –en medio de las emociones y palabras trémulas– insinuó la posibilidad de un cuarto intermedio, que le fue rechazado por las bancadas mayoristas, aunque compartido por los legisladores Carlos Rossi (Frente Cívico-Córdoba) y María Eugenia Estenssoro (Coalición Cívica-Capital Federal).

Se derrumbó una iniciativa que la presidenta Cristina Fernández sostuvo de manera inexplicable durante más de cuatro meses, sin aceptar sugerencias de cambios ni de un diálogo sincero y abierto con la dirigencia del campo.

El proyecto nació de una resolución que tomó el 11 de marzo el entonces ministro Martín Lousteau –a instancias del jefe político de la actual gestión, Néstor Kirchner–, quien transformó el desafío de una simple iniciativa económica para un sector, en un partido a cara o cruz, que puso en juego la suerte del Gobierno nacional.

Ahora, los desafíos para la gestión presidencial se agigantan. Por un lado, necesitará de los recursos que le proveen las retenciones –unos 10 mil millones de dólares al año a los actuales valores– para sostener un esquema de subsidios que abarata, de modo principal, los precios de los servicios del transporte público y de la energía: naftas, gasoil y gas natural a precios muy alejados de los que impone el mercado global.

Muchos economistas dudan de que el actual superávit fiscal que presenta el Gobierno sea genuino, ya que la actual administración no estaría computando ciertos gastos “devengados”, como los déficits de las cajas de jubilación provinciales (no les envía los fondos desde agosto del año pasado), obra pública paralizada y subsidios comprometidos que no se pagan.

En forma paralela, el Gobierno necesita para este semestre unos cinco mil millones de dólares, con los mercados externos cerrados para la Argentina. No se descarta que acuda ahora al mercado doméstico, haciendo más restrictiva la financiación para las empresas, en especial las más pequeñas.

El tercer gran desafío de la gestión de Cristina Fernández será poner en marcha medidas que contengan la inflación, que moderó su suba en los dos últimos meses a partir de cierto enfriamiento que registró la economía por la crisis del campo. El último informe de la Universidad Torcuato Di Tella reveló que las expectativas de inflación rondan 32 por ciento anual.

Pero las dudas sobre la marcha de la economía, su impacto en las cuentas fiscales y en el empleo, están en un escalón debajo sobre cómo el Gobierno logrará reconstruir el poder político luego de la cruzada que planteó Néstor Kirchner. Esta es una cuestión clave para llevar adelante las correcciones que necesita el modelo, que alentó más la concentración y el “capitalismo de amigos”, pese a enarbolar la bandera de la redistribución del ingreso.

El voto de Julio Cobos desata una crisis política, que sólo podrá ser enmendada con consenso y la puesta en marcha de las correcciones de un modelo económico que ya había prendido luces amarillas desde principios de 2007.

Juan Turello.

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