Los costos obligan a rindes más altos

En la nueva campaña, el umbral de indiferencia se acerca a la productividad óptima.

08deAgostode2008a las07:19

El escenario para los negocios agrícolas en la Argentina se asemeja cada vez más a una travesía de pesca en una extensa y profunda laguna en la no se ve el fondo ni se distinguen las formas. Y aunque hay promesas de una fructífera cosecha, esta depende cada vez más de la destreza del pescador para salir airoso de la excursión.

Con las máculas del extenso conflicto agropecuario sobre sus espaldas, los productores deben encarar las decisiones para la futura campaña de granos gruesos en medio de un contexto con altas dosis de incertidumbre y enrarecido por las políticas oficiales de intervención que afectan precios y mercados, además de la inflación (propia e importada) que se corporiza sin pudor en el alza de costos.

El cuadro de situación no hace más que multiplicar los interrogantes, como los que soltó casi de atropellada y sin respirar el ingeniero agrónomo Jorge Barros, asesor de empresas cordobesas y de grupos Crea, quien tuvo a su cargo la apertura de la Jornada Soja+Maíz con Sustentabilidad, que se realizó ayer en el Orfeo Superdomo, con la presencia de 2.500 asistentes.

Organizada por la Bolsa de Cereales de Córdoba, la Sociedad de Acopiadores de Granos y la Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales, la jornada fue realizada por el programa Agroverdad, con el auspicio de La Voz del Interior y La Voz del Campo.

Los drásticos cambios de precios en los últimos días obligó a Barros a modificar casi sobre la marcha los cuadros de costos y márgenes, lo que profundizó la conclusión de que en la nueva campaña de granos gruesos será casi obligatorio obtener altos rindes para sostener el negocio.

Y eso lleva directamente a otra deducción: el negocio agrícola exige cada vez más eficiencia productiva y de gestión de recursos, a la par que eleva la escala necesaria de inversión para mantenerse en el mercado con planteos sustentables.

Alerta. El asesor describió un panorama de alerta para la rentabilidad de los productores que trabajan en el centro y centro-norte de la provincia, aunque la preocupación abarca a todas las regiones. “En poco tiempo el precio de la urea pasó de 550 a 1.000 dólares, el fosfato monoamónico trepó a 1.500 dólares, el glifosato se fue de 2,50 a 7,70 dólares, mientras que la soja cayó de 930 a 840 pesos”, advirtió.

Para Barros, hay un contexto complicado colonizado por la triple incertidumbre de precios de los granos, valor de los insumos y clima.

Con la aplicación de paquetes tecnológicos relativamente tradicionales, los rindes de indiferencia en los campos alquilados de la zona donde trabaja Barros se ubican en 73,70 quintales para maíz de primera y 2.787 kilos para soja (también de primera siembra).

En el análisis no sólo se advierte el peso creciente de los costos directos (insumos), sino también de los alquileres en el área (se pagan entre 12 y 16 quintales de soja). Estos últimos representan entre 48 y 56 por ciento de los gastos totales en soja, maíz o sorgo.

La incidencia del alquiler es tal que también se refleja en el contraste con los rindes de indiferencia en campos propios. En este caso, Barros los situó en 35,43 quintales para maíz y apenas 10 quintales en soja. Por lo tanto, quienes alquilan estarán bajo una fuerte presión, cuyo mayor riesgo es la eventual decisión de reducir el aporte de fertilizantes, una salida de emergencia coyuntural que conspira contra la sustentabilidad.

“Los rendimientos que se esperan son medios y altos porque los costos están muy cerca de los rindes promedio esperados. Entonces, el margen de ganancia es muy chico y habrá que ajustar todo para poder ganar dinero”, apuntó el asesor.

Y cuando habla de ajuste, se refiere a la necesidad de aumentar la eficiencia en el manejo agronómico. “Es fundam

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