Stanley Thompson: "Cargar al agro de impuestos le quita competitividad"

El economista estadounidense, experto en temas agrícolas y comercio internacional, analiza la situación argentina y explica las razones de un nuevo fracaso de la Ronda de Doha. Entrevista exclusiva para El Federal.

28deAgostode2008a las16:42

El estadounidense Stanley Thompson, especialista en temas agrícolas y comercio internacional, estuvo en Thompson en Buenos Aires para dictar un seminario en la Universidad de Belgrano cuando un nuevo fracaso de las conversaciones de la OMC todavía está fresco. En su decepción por este resultado y en su visión de la realidad agroeconómica argentina, de la cual reconoce no estar del todo interiorizado, se vislumbra en qué lado téorico se apoya.

- ¿Cómo puede explicar el final abrupto de la cumbre de julio en Ginebra?

- Como pocas veces desde aquella primera reunión en Doha, Qatar, que le dio el nombre a la Ronda, Pascal Lamy, director general de la OMC, estaba realmente optimista respecto de llegar por fin a un acuerdo para seguir liberando el comercio, reducir las barreras al comercio. Pero todo se cayó por un problema eminentemente técnico. Las discusiones tienden a tener a los países desarrollados de un lado (básicamente Estados Unidos y Europa) y los países en desarrollo, del otro. Hubo acuerdo en los países en desarrollo en reducir los aranceles en productos manufacturados, y entonces los países desarrollados acordaron reducir los subsidios. Hasta que surgió la discrepancia de India, apoyada por China, y quizá incluso Argentina, no estoy seguro. Ocurrió que India aceptó bajar aranceles para satisfacer a Estados Unidos y Europa, pero asimismo arguyó que si los reducía demasiado habría una invasión de importaciones y se perjudicarían los productores locales. Su intención fue implementar un mecanismo de salvaguarda y no hubo manera de llegar a un acuerdo sobre una brecha razonable para las dos partes. Ese tecnicismo arruinó toda la negociación.

- De todos modos, Lula Da Silva, cuyo país ubicó su postura bien cerca de los países desarrollados y hasta provocó una controversia con la Argentina, insistió recientemente con que la discusión puede resurgir...

- Sinceramente, no estoy ni cerca de ser optimista, aunque no digo que no vaya a pasar. La resurrección va a requerir liderazgo de parte de muchos países, especialmente de Estados Unidos y Europa, y no veo que llegue demasiado rápido. Menos cuando en mi país tenemos una elección en noviembre. El candidato republicano, John McCain, aboga mucho por el libre comercio. Por el contrario, el candidato demócrata, Barack Obama, es casi anti-libre comercio. A esto se le suma que quien sea elegido ya no tendrá un instrumento del que dispuso mucho tiempo George W. Bush para promover el comercio, conocido como Fast Track Authority (Autoridad de Vía Rápida), que facilitaba el accionar de los negociadores estadounidenses en la OMC. Ya fuere con McCain o con Obama, cualquier proyecto podrá ser ahora modificado por el Congreso y se hará muy difícil llegar a acuerdos. Por eso digo que las chances de resurrección son pocas. Tenemos libre comercio en gran parte del mundo, salvo en agricultura. La esperanza es conseguirlo, porque en los últimos cincuenta años mucha gente vio los beneficios.

- Desde esa posición, ¿cómo tomó que India y China, dos países de los cuales tanto se marca su apertura económica, hicieran fracasar la cumbre?

- Apoyo el libre comercio porque soy economista y veo el comercio desde una visión angosta, que es la económica. Estoy seguro de que el 99 por ciento de los economistas opinan que el libre comercio benefician a todos. Pero entiendo perfectamente que hay muchas otras dimensiones: políticas, sociales, ambientales. Espero que los países del mundo que hablan a favor del libre comercio sean sinceros y lo lleven a cabo, y vean los beneficios de llevar a la Ronda de Doha a un final exitoso, que repercutiría

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