Los productores de soja sean unidos

El autor sostiene que la Argentina, Estados Unidos y Brasil deben trabajar en conjunto para seguir creciendo.

30deAgostode2008a las08:31

La agricultura brasileña ha experimentado cambios dignos de destacar en la historia del desarrollo de la agroindustria. El desarrollo de tecnologías para climas tropicales y subtropicales, desconocidos en otras partes del mundo, es un mérito de la investigación y de los organismos de la transferencia de conocimientos del país.

El sistema de producción, organizado en el 1970, con responsabilidades definidas para la investigación, la extensión y el involucramiento del Estado en la financiación y la comercialización determinaron la expansión del área cultivo de soja en Brasil.

La necesidad de preservar el medio ambiente y reducir los costos ha llevado a los productores innovadores a adoptar la siembra directa, con la ventaja de reducir en más de un 90% la erosión del suelo y el 60% en el consumo de combustible, mantener y mejorar la fertilidad y restablecer la intensa actividad biológica en el suelo.

El esfuerzo de los agricultores fue insuficiente para la viabilidad económica de la producción rural, dada la combinación de factores adversos del mercado abierto y la relación de cambio de la moneda brasileña. Para la mayoría de los agricultores, el negocio de la producción de granos, sobre la base de la cosecha de 2006, se hizo imposible.

La economía mundial, las relaciones de negocios y las garantías de los gobiernos a la producción cambiaron en las últimas décadas, exigiendo una nueva actitud de los productores rurales.

Pasó la etapa de la dependencia de un gobierno, o del apoyo externo. Llegó el momento de la organización profesional y comprometida de todos los que componen las cadenas de productos en el agronegocio.

Si no hay compromiso entre los agricultores y la organización de la cadena en el país seguro que los compradores o países competidores en la producción de soja serán los mayores beneficiarios.

Brasil, Argentina y los Estados Unidos produjeron el 79,2% de la soja en el mundo en el período comprendido entre 1990 y 2005. El grano de soja contiene aproximadamente el 40% de proteínas y no hay otro cultivo que pueda ser cultivado en escala, con la disponibilidad de tierra y el clima, que puedan sustituir a la producción de soja.

Parece así muy evidente que los productores de soja deberían trabajar en conjunto, con sociedades efectivas, con el objetivo de hacer mejores negocios con los clientes, que son los países asiáticos (China y la India) y la Unión Europea.

Los "Tigres Asiáticos" inundan América con productos industrializados, con mano de obra barata e impactos negativos sobre el medio ambiente.

Brasil y Argentina producen con la mejor tecnología para la protección de los recursos naturales (siembra directa), sin subsidios del Gobierno, y la comercialización está sujeta a la capacidad de negociación con los países compradores.

Es el momento de establecer nuevas estrategias, organizando a los productores de proteínas a semejanza de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), con la misma sigla (Organización de Países Exportadores de Proteína).

Es el posicionamiento necesario para hacer previsible el negocio de alimentos.

Los tres mayores productores y exportadores de soja unidos (Brasil, Estados Unidos y Argentina) tendrían la posibilidad de organizar la producción y fijar políticas de precios como estrategias para el comercio internacional.

Brasil debería empezar por el fortalecimiento de la Asociación de Productores de Soja, como representante y portavoz del sector.

En este momento, no es una opción sino una necesidad la de organizar a los países exportadores de proteínas.

Es momento de actuar con sabiduría, dejar que las disputas y los intereses personales de lado y pensar en los negocios de escala juntos, buscando estabilid

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