Un gesto que transmite una forma de ser: pagar antes que negociar

Por Hernán de Goñi. Subdirector de El Cronista Comercial. Especial para Cronista.com

02deSeptiembrede2008a las17:08

Como todas las decisiones de alto impacto, el anuncio que hizo hoy la Presidenta se terminó de resolver este fin de semana en la soledad de El Calafate. Entre los agentes económicos y financieros existía la percepción de que el Gobierno estaba dispuesto a emitir un gesto que disipara las dudas que se instalaron sobre la futura capacidad de pago de la Argentina. Pero en verdad nadie esperaba que tuviera semejante contundencia.

Diluidas las chances de que se encare en el corto plazo una reforma del Indec que le devuelva credibilidad a la medición de la inflación, lo que se veía venir era una jugada menos osada: el reinicio de las negociaciones con el Club de Paris, ya que se lo consideraba un gesto positivo que no implicaba un "sacrificio" inmediato, y a la vez transmitía de una forma clara la intención del gobierno argentino de mantenerse alineado con la comunidad internacional.

En los hechos, lo que puso en marcha Cristina Kirchner es una decisión de otra naturaleza: la cancelación al contado de los u$s 6.700 millones adeudados a los países que integran esa mesa de acreedores formada en los "80.

Aunque hasta ahora no se dieron demasiadas precisiones (sólo la orden presidencial al ministro de Economía, para que utilice las divisas acumuladas en el Banco Central), el mecanismo por el que se instrumentará esta medida seguramente será similar al que demandó el pago de la deuda con el FMI.

En ese momento se utilizaron reservas, pero el que se comprometió a poner la plata fue el Tesoro. En la práctica, la caja del Estado no recibe dólares, ya que todos sus ingresos están nominados en pesos. Por esa razón cuando debe afrontar un vencimiento de deuda, la Secretaría de Hacienda debe "comprar" las divisas al Banco Central, y luego pagar a los acreedores.

Cuando se canceló la deuda con el Fondo, lo que hizo el Gobierno fue emitir un titulo de deuda instransferible (letra) a pagar a 10 años, que se transformó en la contrapartida que tiene el BCRA en su balance para justificar la salida de dólares.

La única razón por la cual se resolvió que no haya una refinanciación de la deuda, sino una cancelación total, es que para que se diera esta segunda posibilidad, los países del Club de Paris reclamaban que el FMI cumpliese un rol -aunque sea formal- como auditor de la economía argentina. Los Kirchner nunca aceptaron esta opción, más allá de que su efecto real era poco relevante: por si alguien no lo tiene claro, los principales accionistas del Fondo (EE.UU, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Canadá, entre otros) también son miembros del Club de Paris, con lo cual negociar con ellos pero sin dar participación al FMI era crear una simulación sólo destinada al mercado interno.

La otra razón por la que se debe dar este paso es que si el Estado demuestra que tiene un control directo de las reservas, pueden quedar sujetas a pedidos de embargo por parte de los bonistas que todavía están en default e iniciaron juicios contra el país. Por este motivo, el pago al Fondo motivó una suerte de ingeniería financiera, que presumiblemente será necesario repetir para que evitar que reaparezcan los pedidos de embargo.

El pago es un factor sumamente importante, pero para que los inversores perciban que responde al deseo de construir una economía sustentable, debe ser acompañado de otras políticas. Seguramente mejorará el acceso del país al mercado de capitales, lo que redundará en el financiamiento de obras necesarias. Pero una golondrina no hace verano. Más allá del giro que haga el Banco Central, en algún momento (aunque sea en varios años)  el Tesoro tendrá que contar con los pesos necesarios para cancelar las obligaciones que emerjan de esta operación. No será una responsabilidad de este gobierno. Pero si no se resue

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