Golpea en la memoria lo que pasó luego de pagarle todo al FMI

Se teme un Estado más intervencionista. La economía no es la de 2006 y tardará en recuperar reservas. Salvo Redrado, ningún funcionario habla del problema inflacionario.

04deSeptiembrede2008a las07:33

Más allá de la saludable voluntad de pago que muestra el Gobierno al decidir el saldo cash al Club de París, la noticia no terminó de convencer a inversores locales e internacionales sobre la incertidumbre en el futuro económico de la Argentina. Porque, después del impacto inicial de la novedad, la percepción que se observaba ayer en los mercados y en el mundo económico no era del todo favorable.

Por lo pronto crece la sensación de que otra vez el Gobierno adoptó una medida intempestiva que, igual que cuando se pagó al FMI, sólo persigue el objetivo de que no haya auditores, ni locales ni internacionales, sobre las decisiones y los números que se manejan a nivel oficial en el país. Y la memoria económica no ayuda esta vez al Gobierno. Un breve racconto de lo que aconteció con el modelo económico una vez quitado de encima el Fondo, revela que la administración Kirchner giró más a la izquierda en 2006 y 2007, se profundizaron las estatizaciones y la intervención a la economía privada, y se disparó el gasto electoral en forma irresponsable sobre todo el año pasado. Todo para después salir a cobrarle la cuenta al campo con las frustradas retenciones móviles este año.

Con un problema adicional para el análisis económico y la construcción de expectativas. La administración Kirchner recuerda y considera que le fue bárbaro con esa estrategia independizadora, y tal vez supone que en 2008/2009 se puede repetir el recorrido macroeconómico de 2006/2007. En principio los observadores financieros consideran que esta vez no será tan fácil recuperar las reservas que se gasten con el Club de París, al ritmo que se recuperaron en menos de 8 meses en 2006. Es obvio que el dólar hoy está mucho más atrasado, la inflación comió las rentabilidades en las empresas y la actividad económica difícilmente será tan desbordante como en el promedio del primer mandato de Néstor Kirchner.

Otro punto que no ayuda y explica por qué aún los mercados siguen apáticos con el país tiene que ver con el principal problema de la economía argentina que sigue siendo la inflación. Pero el Gobierno no habla del tema, no lo reconoce y no muestra un plan con medidas concretas para frenar la aceleración de precios que ya en agosto/setiembre coloca la inflación real más cerca de 2% que de 1%. Ya ni siquiera es un problema del Indec (que por supuesto no contribuye al clima financiero si no se sinceran algo los índices), ya que el drama real para la población sigue siendo que los precios aumentan, más allá de cómo se los mide. Salvo Martín Redrado, no hay hoy funcionario en la Argentina que hable seriamente del problema.

Y a propósito del Banco Central, resultó una muy mala idea del Gobierno desplazarlo al titular de la autoridad monetaria del anuncio, y disponer por decreto (con errores técnicos graves que habrá que corregir) que el Estado le ordena al Banco Central pagar la deuda con reservas. No sólo que esto no es del todo legal sino que supone un gesto hostil de la Casa Rosada contra el economista más serio y que ha mostrado más idoneidad y conocimiento a la hora de atemperar las crisis de confianza en los mercados. “Se lo llevaron por delante en forma grosera a Martín”, repetían ayer en las mesas de dinero de los bancos. Así como a Redrado no lo invitaron al anuncio, tampoco lució muy civilizado que no estuviera ningún representante del Ministerio de Economía presente en las Jornadas Monetarias del Banco Central, uno de los eventos más importantes y prestigiosos que se organizan a nivel local y con destacadas figuras del exterior. “Fue evidentemente a propósito”, explicaban en Casa de Gobierno, donde insisten en que el dueño del Banco Central y de las reser

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