Argentina debe mejorar los rendimientos de la soja y utilizar genética de última generación

Los tiempos de la globalización demandan mayores rindes y mejor calidad de materia prima, con la incorporación de nueva genética que tendrá que ser diferenciada, ya sea para la producción de más proteínas o de más aceites.

05deSeptiembrede2008a las16:51

El agro argentino demostró con creces porque la soja fue el cultivo emblemático de la última década, gracias a su gran aporte a la economía nacional y su éxito indiscutible como fábrica de proteínas, que se destinó tanto a la alimentación humana como animal.

El país creció en forma considerable en su  producción por la expansión de la frontera agropecuaria y también por la incorporación de material genético que permitió mayores rindes por hectárea, debido a una mayor resistencia a enfermedades (cancro del tallo, roya de la soja). También por una mejor adaptación a la sequía y a condiciones de suelos adversas. Ese aumento en la producción fue un desafío que se logró con creces, ya que más de 48 millones registró la producción nacional en granos de soja. Pero ahora el desafío es mayor; ir por más rindes con mejor calidad de la materia prima.

La incorporación de genética tendrá que ser diferenciada, ya sea para la producción de más proteínas o de más aceites y, dentro de estos, con mayor porcentaje de ácido oleico y no linolénico.

La producción de proteínas para la alimentación humana y de aceites para la producción de biodiesel serán las metas que ya están en la mente de los productores argentinos, que buscan mantener la competitividad que lo caracterizó y los hizo famosos en la última década. Y es que todos los cultivadores del mundo están en la misma línea de trabajo.

Cantidad y calidad
En el mundo, la producción actual de soja ronda las 225 millones de toneladas y se habla de una proyección para 2020 de más de 310 millones de toneladas. Esta producción se destinará a la generación de biocombustibles y a la alimentación humana y animal (pollos y cerdos).

Argentina basó su crecimiento de los últimos años en una mayor producción por hectárea y de ahora en más tendrá que pensar en variedades seleccionadas que contengan un mejor contenido de proteínas y aceites.

La demanda de alimentos valorizó el componente proteico y la demanda de biocombustibles potenció el valor oléico. Por eso, los productores deberán costear la incorporación de tecnología de vanguardia, ya que el mercado pagará mejor por sus subproductos obtenidos.

Rodolfo Rossi, gerente de la Asociación Argentina de la Cadena de la Soja (Acsoja), sostiene que la ecuación económica en el final del proceso productivo e industrial de la oleaginosa necesitará de una calidad balanceada, debido a que aún es difícil predecir cuál de los dos componentes tendrá mayor valor. En consecuencia, habrá que trabajar por una mejor producción en cantidad y en calidad, tanto de aceites como de proteínas.

En la actualidad, la Argentina ocupa el tercer lugar como productor de materia prima de soja pero ocupa el primer lugar en la producción y exportación de aceites y harinas. La UE es el principal comprador de proteínas argentinas y China de aceites, y para mantener estas dos potencias como clientes prioritarios habrá que trabajar para ofrecerles derivados de elevada calidad.  Para ello, el sector deberá  estar dispuesto a utilizar material genético de punta, reconocer la propiedad intelectual de sus “obtentores” y pagar los royalty correspondientes.

Cuatro veces
En la década del 70 los rindes de soja por hectárea rondaban los 1.400 kg/ha. En la actualidad, gracias a la incorporación de material genético de vanguardia, los rindes aumentaron más de cuatro veces en algunos casos. Esto se debe a la biotecnología y ese mejoramiento genético permitió que los productores puedan acceder a elevados rindes y una calidad ad

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