Entre la crisis financiera y la sequía

Los temas de la semana: como sigue el negocio agrícola en la Argentina.

20deSeptiembrede2008a las03:50

Hay dos incógnitas: cuándo se cortará la sequía, y cómo influirá la crisis financiera internacional en los precios agropecuarios.

La única certeza es que ya se ha perdido mucho trigo, tanto por la caída de la superficie como por los daños (ya sensibles en centro y norte de la pampa húmeda) causados por la falta de agua.

Ahora pende una amenaza mayor sobre la siembra de maíz, a pesar de que la mayor parte de los productores de punta desea mantener a este cultivo en la rotación. Y manejarlo con altos niveles de tecnología, aunque sin tirar manteca al techo, como lo expresa la actitud frente a la fertilización.

El criterio de reposición de nutrientes -que prevaleció en los últimos años- dejó paso a cubrir simplemente las necesidades del cultivo. Por este año pasa.

La soja va a zafar, porque se siembra más tarde y cada vez falta menos tiempo para que empiece a llover. El problema es que si se sigue atrasando el agua, muchos lotes de maíz van a pasar a soja, reforzando la tendencia natural en un año en el que los chacareros están mirando con lupa los costos. Y el maíz es mucho más caro que la soja, dado los altos requerimientos de nitrógeno, cuyo precio está en niveles récord y no han bajado con el mismo ritmo que los granos.

Recordemos que la soja no requiere fertilización nitrogenada, gracias a su capacidad de tomarlo del aire a través del extraordinario proceso biológico de la fijación simbiótica por parte de las bacterias Rhizobium inoculadas en la semilla, que anidan en sus raíces.

Así, la rentabilidad del maíz estaba ya muy comprometida, con rindes de indiferencia bien por encima de los promedios nacionales de las últimas campañas. La soja todavía dejaba algún margen. Pero llegó la turbulencia financiera e impactó en los mercados agrícolas.

Si bien hay discrepancias fuertes entre los analistas, la mayor parte opina que los precios están más para bajar que para subir. La única coincidencia es que ya no se verán los precios inéditos de julio pasado, cuando la soja tocó los 600 dólares y el maíz los 300. Ahora están en 400-420 y 190-200, respectivamente.

Los fundamentos del mercado siguen siendo los mismos: los stocks de maíz están en los niveles más bajos de la historia, y los de soja no son mucho más holgados. La demanda asiática para producir proteínas animales, y la confirmación de que se van a seguir usando los granos para producir biocombustibles, no se modificarán por la crisis.

El petróleo rebotaba ayer, después de bajar a 90 dólares, llegando nuevamente a los 100. Esto le da piso firme al maíz (con él los estadounidenses elaboran el etanol, sustituto de las naftas), y también a los aceites (para biodiésel). Así que si bien la fiesta de julio terminó, el escenario más probable es el de precios como los actuales, que son altos en términos históricos.

Los productores saben que tienen que sembrar, como lo hicieron siempre. Pero los vapuleados "pools de siembra" ya no están dispuestos a alquilar pagando cash, y además son los que tienen más espalda para bancar los costos del maíz.

Muchos dueños de campo, que preferían ceder tierras para agricultura y se concentraban en la ganadería o el tambo, ahora van a tener que sembrar ellos mismos o dar el campo a porcentaje. En la mayor parte de los casos, soja, que es lo más fácil y barato.

Consecuencias: mucha soja y poco maíz. Esto va a tener impacto en el volumen final de la cosecha. Una hectárea de maíz rinde el triple que una de soja. Si la Argentina deja de sembrar medio millón de hectáreas de maíz, y las pasa a soja, el mundo perderá 4 millones de toneladas del cereal, y ganará 1,5 de soja. Eso también va a impactar en los precios, porque en este partido las pampas juegan fuerte. A tenerlo en cuenta.

Héctor A. Huergo.

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