En Mendoza, se abre camino la ganadería

Ingenio y tecnología es la fórmula de un grupo de productores de Malargüe, General Alvear y San Rafael.

20deSeptiembrede2008a las03:58

En Uruguay -un país con una extensión territorial inferior a la de la provincia de Buenos Aires-, el valor medio del ternero de hasta 140 kilos se ubicó en 1,73 U$S/kg hasta hace pocas semanas. En la Argentina, los precios están muy lejos de esa referencia.

Pero ese no es el único problema: aquí la cría se realiza en las regiones menos favorecidas por el clima, que cuentan con malos caminos, fletes extensos y una demanda integrada por escasos participantes que no tienen mayores inconvenientes en trasladar cualquier merma de ingreso al eslabón más débil de la cadena. A pesar de todo esto, es posible salir adelante. Veamos un caso.

El CREA Pehuenche está integrado por 12 establecimientos (pertenecientes a 10 miembros) que cubren una superficie total de 148.400 hectáreas localizadas en los departamentos de San Rafael, General Alvear y Malargüe.

Las precipitaciones anuales promedio de la región oscilan entre 200 y 400 milímetros. Sin embargo, como en toda zona semiárida, la variabilidad anual e interanual es significativa (los registros históricos de los últimos 80 años indican que 5 de cada 10 años tienen precipitaciones inferiores a la media).

En el CREA, el último golpe de la sequía lo recibieron en 2003 y 2004. Por entonces, el desastre climático obligó a muchos productores a trasladar o vender todo su rodeo de vientres. Pero a partir de 2005 la situación forrajera comenzó a recomponerse.

"Fue un golpe muy duro", dice Ariel Montilla, asesor del CREA Pehuenche. "Pero a partir de eso comenzamos a combinar la carga fija con otra variable para adaptar los sistemas a la elevada variabilidad climática de la zona", explica.

De esta manera, en algunos campos se destinó un sector a las vacas de cría (carga fija con 15 a 20 hectáreas por Equivalente Vaca, dependiendo de la zona) y en otros se implementó el ingreso de la recría (categoría que es mucho más fácil de trasladar en caso de un desastre climático). Pero en otros establecimientos el cambio fue más radical.

"Un campo del grupo CREA, que cuenta con médanos con paja amarga y olivillo, vendió todo su rodeo de cría durante la sequía y luego sembró 500 hectáreas de pasto llorón, con la idea de llegar a 1.000 hectáreas; comenzó a tomar hacienda de recría y cambió la naturaleza del negocio", comenta Montilla.

"Ahora es una empresa de servicios, que cuenta con un mejor flujo de fondos porque los pastajes se cobran bimestral o trimestralmente. Además, incrementó su productividad, dado que en campo natural (en condiciones climáticas normales) producía unas 15 raciones/ha/año, mientras que con el pasto llorón genera usualmente entre 30 y 35 raciones/ha/año", agrega el asesor CREA.

En la zona, por lo general, la hacienda para pastaje en campo natural ingresa con un peso de 150 kilos y sale con 250 a 270 kilos en el término aproximado de un año. Se paga entre 4 a 5 kilos por cabeza y por mes a partir de las referencias del Índice Novillo Mercado de Liniers (INML); el costo de la sanidad suele correr por cuenta del propietario de la hacienda.

Ningún esquema ganadero de la zona semiárida vive de promedios: si las lluvias son escasas durante el último trimestre del año, los índices reproductivos mostrarán problemas. Para hacerle frente a este eventual inconveniente se han desarrollado sistemas de cargas fijas y variables. Otra posibilidad consiste -en aquellos casos donde es posible- en producir alfalfa y silo de maíz en zonas bajo riego por inundación.

"Algunos usan estos recursos como amortiguador en los años secos, y si les sobra pasto, pueden vender fardos o rollos; otros destetan liviano con 100-110 kilos y terminan los animales en la finca con pesos del orden de los 300 kilos", explica Montilla.

"La producción en los sistemas bajo

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