"Por la menor rentabilidad, muchos pooles van a asistir a quebrantos"

En contra de la idea de ‘renta extraordinaria’, para el ejecutivo, los grupos de siembra están con márgenes ajustados, y cumplir los compromisos los dejará en una situación delicada.

01deOctubrede2008a las07:35

Santiago Norris tiene 61 años, y hace 33 que es presidente de la filial local de Nitragin, una firma de productos microbiológicos para semillas –llamados inoculantes– controlada por el laboratorio multinacional Merck.

En línea con la campaña pública que montó la firma, para él, los argumentos que el Gobierno utilizó contra el campo en general y contra la soja en particular, abundaron en elucubraciones, sin que se llevara a la mesa de discusión a los que saben verdaderamente del tema. Dice que la producción de soja, con rotación, no sólo es sustentable sino también beneficiosa, y que las inversiones multimillonarias que motivó y motiva desmienten que se trate de un yuyo.

Nitragin es la mayor productora de inoculantes del país, seguida de cerca por la local Rizobacter, en un mercado que ronda los u$s 40 millones anuales, con 14 millones de dosis. La filial local representa el 40% de los ingresos de la firma, que no son públicos, y provee a Brasil.

Si la crisis internacional no cambia los planes de la matriz estadounidense, la filial, creada en 1975, va a invertir $ 10 millones hasta 2010 en proyectos de investigación y desarrollo y en multiplicar por 2,5 la capacidad de su planta de Pilar (una de las cuatro que tiene en el mundo y la única en la región), construida en 1990, donde produce 11 millones de dosis anuales, de las que exporta el 40%.

Sin embargo, Norris cree que la crisis va a darle un fuerte golpe de timón a los agronegocios: “Estamos muy preocupados, porque, aunque reciente, tiene una gravedad inusitada. Sabemos que afectará los mercados, pero no en qué magnitud”, dice.

–¿El país no está a salvo?

–Todos esos comentarios de inmunidad no se condicen con la realidad. Le vendemos productos al mundo, no estamos aislados. Lo seguro es que se aproxima un escenario nuevo y peor. La bonanza de cinco años del mercado mundial, que la Argentina capturó en parte, terminó. Ahora habrá una nueva escala de ingreso/egreso, más ajustada, porque la caída de los precios agrícolas se encuentra con una recomposición fortísima de insumos esenciales.

–¿Esto no cambia los planes de inversión de la firma?

–Hasta ahora no, pero tenemos que monitorear qué pasa los próximos meses. El escenario es de prudencia.

–¿El conflicto campo/Gobierno alteró las ventas de la empresa?

–Retrasó la aplicación de inoculantes, porque hubo 90 días de parate con problemas financieros, pero creemos que terminaremos el año habiendo capeado el temporal, salvo por la seca. Todo esto preocupa, porque se deterioran los ingresos y hay altos compromisos tomados, como los alquileres.

–¿No se están renegociando?

–Renegociar habla de un problema. Muchos pooles, que fueron demonizados durante el conflicto, van a asistir ahora a quebrantos, porque son gente seria y van a cumplir los altos compromisos tomados a expensas de su rentabilidad. Están en una situación muy ajustada. Esas frases de “rentabilidad extraordinaria” lanzadas temerariamente, ahora van a toparse con la realidad. Tomemos nota.

–Lo que usted dice va en contra de la noción instalada...

–Hay elucubraciones y un desconocimiento soberano de los que intervinieron en este debate inútil. Lo mismo ocurre con la soja: cuando es tratada con inoculantes (con bacterias que facilitan la fijación de nitrógeno del aire), ayuda al balance de nutrientes, además de aumentar la producción. Puede fijar 100 kilos de nitrógeno por hectárea. Esto, por las hectáreas cultivadas, da 1.700 millones de kilos de nitrógeno, que sin la soja tendrían que venir de otro lado. Equivale a 3,4 millones de t

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