El difícil tránsito de enemigo político a aliado estratégico

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09deOctubrede2008a las07:38

Después de la gran protesta del campo que concluyó con el voto "no positivo" de Julio Cobos, cualquier nueva medida de fuerza del agro necesariamente iba a tener como punto de referencia aquel movimiento, que provocó un temblor político en el corazón del kirchnerismo.

Si se toma ese parámetro, es evidente que el balance del paro, para quienes lo convocaron, no es positivo. La presencia de los productores en el espacio público -las rutas, la televisión y la radio- ha sido infinitamente menor a la de entonces.

Razones hay muchas. La más importante es la crisis financiera que provocó una caída del precio internacional de los granos (la soja bajó casi un 40% desde los niveles récord de julio pasado). Otro motivo, quizás, haya sido cierto hastío social hacia las protestas.

Esos dos factores fueron percibidos por los propios dirigentes rurales que rápidamente viraron sus discursos hacia el foco de la crisis. Primero fue el presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, el que propuso la reanudación del diálogo con el Gobierno para establecer un plan agropecuario de emergencia para enfrentar la crisis. Luego fue el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcati, que pidió una reunión urgente con la presidenta Cristina Kirchner para encontrar un interlocutor válido en el Gobierno: es decir, alguien que tenga poder y entienda de los temas (la Presidenta ha dicho que, por el conflicto, se ha convertido en una experta en vacas y trigo).

Sin embargo, el Gobierno, hasta ahora, sigue sin tomar nota de esas advertencias y continúa viendo en las entidades gremiales de productores a un enemigo político. Analiza algunas medidas para el sector en el medio de una fuerte disputa entre el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, el de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y el presidente de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), Ricardo Echegaray. Cheppi cree, a diferencia de Moreno y Echegaray, que hay que relajar el intervencionismo sobre el trigo, los lácteos y la carne para incentivar la producción. En eso coinciden los ruralistas.

Con el argumento de que "hay que defender la mesa de los argentinos", Echegaray y Moreno establecen a qué precio se tiene que vender un bien, cuándo y cómo se puede exportar y quién gana y quién pierde en el proceso. Para los ruralistas, este es el criterio político que hoy predomina en el Gobierno. Y, hasta ahora, no han encontrado un interlocutor de peso para explicarle que, por ese camino, en los próximos años habrá menos carne, leche y cereales no sólo para exportar sino también en el mercado interno. Quieren decirle a la Presidenta que el campo se puede convertir en un aliado estratégico del Gobierno para enfrentar la crisis financiera.

Más tarde o más temprano, la demanda mundial de alimentos y de combustibles alternativos, como el biodiésel, se volverá a recuperar. Y pocos países, como la Argentina, pueden aprovecharla.

Por Cristian Mira.

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