El Gobierno nacional debe fomentar y proteger las producciones de granos

El crecimiento de la superficie sembrada, de la producción y del rendimiento de cultivos, en especial de la soja, es el motor de la generación de riquezas para el productor y el Estado. Argentina se posicionó en el tercer lugar mundial entre los exportadores de granos y en el primero entre los que venden productos industrializados. Por Ernesto José Caram - Sección Rural.

24deOctubrede2008a las16:41

Con una superficie sembrada de 16,9 millones de hectáreas, una producción de 48 millones de toneladas y un rendimiento promedio nacional de 2,8 toneladas por hectárea, la soja demostró ser el cultivo más importante en la Argentina. Todo esto visto desde el punto de vista económico y como motor de la generación de riquezas en un país que necesita mucho de este cultivo para cubrir sus necesidades estructurales insatisfechas.

Esta situación que fue tomando fuerza a partir de la década del 90 con la incorporación de las variedades genéticamente modificadas (RR, Bt, etc), le permitió al país convertirse en poco tiempo en el tercer productor mundial de la oleaginosa con una producción de 48 millones de toneladas luego de EEUU (72 millones de t) y de Brasil (61 millones de t).

Gracias a la incorporación tecnológica que realizó el productor argentino y de la mano de grandes compañías semilleras, la superficie cultivada con soja en el país creció en los últimos 10 años un 125% y en rendimientos un 250%.

Se destaca el gran salto del cultivo en el rubro productividad gracias a la incorporación de material genético de vanguardia en el mundo.

Rodolfo Rossi, gerente de ACSOJA (Asociación de la Cadena de la Soja), sostuvo que en los últimos siete años este cultivo cobró más protagonismo luego de la instalación de las retenciones a la exportación, que aportaron al fisco más de U$S 4.400 millones anuales.

Este cultivo que fue tan atacado en este último año por el Gobierno nacional, y que llegó a ser bautizado en la jerga urbana y política como el “yuyo nacional”, representa nada más ni nada menos que un ingreso por la friolera suma de más de U$S 13.000 millones en divisas anuales, lo que representó el 25% del total exportado por el país.

Argentina es en la actualidad el tercer exportador mundial de granos de soja, pero el primer exportador mundial del complejo oleaginoso con productos procesados, como aceites y harinas proteicas. No obstante, desde Acsoja ya comenzaron a preocuparse por el futuro del cultivo, basando sus argumentos en el incremento de los costos de producción en dólares, la caída en su cotización en el orden mundial y la agresividad con la cual se habla desde las esferas gubernamentales, denostando el gran aporte que realiza este cultivo en toda la cadena productiva nacional.

Esta clara situación de liderazgo que ostenta la soja tendría que ser vista desde el Gobierno nacional en forma positiva, y propiciar líneas de acción para seguir incentivando el cultivo de la oleaginosa en beneficio de todos aquellos productores que trabajen con prácticas sustentables, campos certificados y rotaciones ordenadas. De esa manera, el cultivo dejará de verse ante la opinión pública como un perjuicio y se convertirá en lo que verdaderamente es: una fábrica de proteínas y fertilizantes a cielo abierto.

Y ciertamente que la ventaja de esta fábrica natural es que, a diferencia de muchas otras agroindustrias, la soja no contamina, no genera efluentes, no degrada el suelo y con un manejo sustentable permite darle a la tierra un valor inagotable a través del tiempo. En el mundo desarrollado así lo entienden y en nuestro país esto quedó demostrado con hechos concretos.

Por otra parte este cultivo juega un papel importante en las economías regionales aportando importantes fuentes de divisas y trabajo genuino, en regiones que reclaman una expansión de esta actividad como ocurre en la actualidad en el NOA.

El pro

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