Stiglitz recomendó darle más independencia al Indec

Dijo que es clave para generar confianza ante una crisis mundial que "apenas comenzó".

29deOctubrede2008a las07:50

Comenzaba a despuntar mayo cuando el entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, cerraba un seminario en el que se presentó el nuevo índice de precios al consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para hacer referencia a una charla que había mantenido con Joseph Stiglitz. Sugirió, en ese entonces, que el premio Nobel de Economía era partidario de los cambios en el IPC.

"Toda crisis económica es una crisis de credibilidad", dijo ayer, seis meses después, Stiglitz. Luego agregó que una forma de ganar credibilidad es "tener una oficina de estadísticas independiente". Fue durante su exposición en Expomanagement 2008, que se realiza en La Rural. "No se pueden tocar los números. Si no hay transparencia, no se puede generar confianza", apuntó.

Stiglitz conoce la economía argentina, aunque su paso por el país estuvo esta vez marcado por la crisis financiera internacional, a la cual le dedicó la mayor parte del tiempo en las charlas que ofreció en esta visita. "La tormenta [global] apenas está comenzando", señaló. Fue por la tarde, durante una charla organizada por el Standard Bank en el encuentro empresario.

De entrada aclaró que sus palabras no iban a dejar mucho espacio para el optimismo. Y cumplió. Dijo que la recesión de la economía norteamericana será severa, larga y profunda -producto de "graves errores financieros"-, que se extenderá al resto del planeta y que las perspectivas para las economías emergentes, entre las que se encuentra la Argentina, no serán "muy sólidas" para los próximos 12 o 18 meses, principalmente por lo que ocurre en el mercado de las materias primas.

"Los dos últimos años fueron fenomenales, en parte por los altos precios de las materias primas. De hecho, fueron tan altos que generaron problemas. Los precios han bajado mucho, serán más débiles y eso afectará sus exportaciones [las de los emergentes]."

Antes, Stiglitz se había referido a los beneficios y a las fallas que dejó hasta el momento la globalización, uno de sus temas favoritos. Dijo que favoreció el intercambio de ideas, redujo la "brecha del conocimiento" entre los países, amplió los mercados y el acceso al capital e impulsó el crecimiento. Puso, como ejemplos, los resultados que consiguieron China y la India.

El profesor de la Universidad de Yale dijo que no sólo los países emergentes se beneficiaron, sino también los desarrollados. Dio un ejemplo contundente: Estados Unidos pudo "exportar hipotecas tóxicas", con lo cual el costo de las crisis financieras terminó por repartirse: "La mitad de las pérdidas están en Europa. Si no fuera así, la crisis sería más severa aún".

Luego se refirió a los costos o las fallas de la globalización. "No sólo las buenas ideas se mueven más fácil, sino también las malas", apuntó. Fue el preámbulo para sus críticas hacia el Consenso de Washington -dijo que "causó un desastre en el mundo y ahora lo causa donde nació, en Washington"-, al fundamentalismo de mercado, al sistema financiero y a las políticas del gobierno de George W. Bush.

Sobre el sistema financiero, en particular los bancos, dijo que falló en todas las áreas para las que fue creado. "No movilizaron los ahorros, no asignaron bien el capital y no administraron el riesgo. Ese es su trabajo y lo hicieron de forma miserable", fustigó.

Stiglitz no ahorró críticas para el gobierno de Bush, la filosofía desregulatoria y la excesiva liquidez que caracterizó a la economía norteamericana hasta el estallido de la crisis. "El rescate masivo marca el fin del fundamentalismo de mercado, así como la caída del muro de Berlín marcó el fin del comunismo", vaticinó.

Tampoco el rescate de US$ 700.000 millones diseñado por el secretario del Tesoro, Henry Paulson, y el preside

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