Recesión mundial y deflación ponen en marcha una guerra de devaluaciones

Mientras los inversores se refugian en el dólar, los principales socios comerciales del país ganan competitividad. La recesión y la baja de precios amortiguan los efectos en la inflación.

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18deNoviembrede2008a las07:48

Fue un clásico en los ’90. Ante los primeros síntomas de recesión, los países devaluaron su moneda para ganar competitividad externa, estimular sus exportaciones y evitar la pérdida de empleo ocasionada por el enfriamiento de la economía. Para la Argentina, el inicio de esta carrera sería una pésima noticia: la sensibilidad de la inflación con respecto a las variaciones del tipo de cambio es una de las mayores de la región.

¿Cómo comienza una guerra de devaluaciones? Cuando un país prefiere mantener sus reservas a devaluar su moneda altera las paridades cambiarias con sus socios comerciales, que a su vez se ven obligados a devaluar para ser competitivos. El proceso expande a los diferentes socios, quienes también devalúan. La gravedad de la situación dependerá de la magnitud de las devaluaciones y de si los países que se suman a la guerra tienen peso en el comercio global.

Este proceso mundial deriva en la apreciación del dólar, que afecta la competitividad de Estados Unidos que también atraviesa una recesión.

Brasil picó en punta. En los últimos tres meses, el real se devaluó 40% sin que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva sacrifique reservas del Banco Central para controlarlo. Las reservas brasileñas se ubicaron ayer en 200.000 millones de dólares, una cifra similar a la acumulación de activos previa a la crisis. En tanto el Banco Central de la República Argentina perdió 10% de sus reservas para ganar estabilidad cambiaria. El porcentaje se estiraría a casi 20% de considerar las reservas de baja calidad (préstamos del Banco Internacional de Pagos de Basilea).

Sí solo fuera Brasil, principal socio del Mercosur, el problema no sería tan grave. Pero México y la Unión Europea, otros dos actores principales, devaluaron más de 20% sus respectivas monedas (ver infografía) desde el estallido de la crisis. Lo mismo ocurrió en Uruguay y Chile.

Devaluar, no obstante, no es gratuito y los costos se traducen con velocidad en inflación. Por este motivo la deflación mundial representa un alivio para los devaluacionistas. La baja de precios se volvió más evidente en activos financieros y en inmuebles pero se verificó también en automóviles, alimentos y otros rubros. En un contexto de deflación, los peligros de la devaluación quedaron en segundo plano. Con la excepción de la Argentina, cuya historia inflacionaria sobrecarga el componente de expectativas, parte de una inflación alta y la disparada del dólar elevaría aún más el nivel de precios.

Contexto global

Japón, Alemania y Estados Unidos, las principales potencias económicas del planeta, entraron en recesión. En las últimas semanas, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo avanzaron en una reducción gradual de las tasas de interés para reanimar la economía, una herramienta que Japón, con una tasa de sólo 0,3%, no tiene. Agotado el uso de la baja de tasas de interés como disparador de la actividad económica, alcanzado el límite de déficit fiscal en Estados Unidos y la generosa oferta de dinero destinado a salvatajes, la devaluación aparece como un atractivo difícil de resistir.

Para los países desarrollados, con su deuda pública en moneda local, la depreciación de la moneda también implica un aliciente en la carga del endeudamiento. Pero para los países subdesarrollados, ocurre lo contrario. En el continente, Ecuador con su economía dolarizada es el que peor la lleva. Una devaluación general en la región y un dólar en alza dejaría a los ecuatorianos, que la semana pasada dejaron de pagar intereses de la deuda, en mala posición.

Por Santiago Chelala.

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