Cumbre del G-20: se reconfigura la balanza del poder mundial

Para muchos, entre ellos el francés Sarkozy, el ruso Medvedev y el brasileño Lula da Silva, la hegemonía financiera de Estados Unidos ya es historia. Mientras Bush abandona su oficina, los países emergentes empiezan a ser cada vez más influyentes en el escenario multilateral.

19deNoviembrede2008a las16:55

Cuando el Presidente estadounidense George W. Bush recibió a los líderes mundiales en la casa Blanca el viernes pasado por la noche para lo que sería una de las últimas cenas formales de su administración, el tema en boca de todos los comensales era la fragilidad de la economía mundial. No obstante, la verdadera trama hay que buscarla en el posicionamiento de los invitados.

En el salón comedor, a la derecha de Bush se ubicó el Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien ha reiterado varias veces que las naciones emergentes como la suya se encuentra “infectadas con problemas” que le son ajenos. A la izquierda del estadounidense se sentó un líder que maneja una abultada chequera y el poder que ello conlleva: Hu Jintao, de China.

Se trata de una ilustración iluminadora de cómo la crisis financiera, que se originó en Wall Street y se propagó al resto del mundo, ha reconfigurado el orden económico internacional. Al insistir con la presencia de las naciones en desarrollo en la cumbre del G-20, Bush abrió el juego a sus líderes, quienes arribaron a Washington con su propia agenda.

De todos modos, dependerá del nuevo Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dilucidar cómo lidiar con esta multiplicidad de intereses. La declaración de los líderes al finalizar la cumbre incluye el compromiso de una nueva reunión 101 días después de la asunción de Obama. Pese a que el recientemente electo no estuvo presente en el conclave, la evidencia de su presencia fue clara. En el Willard InterContinental Hotel, uno de los hoteles más prestigiosos de Washington, el Presidente francés Nicolas Sarkozy fue el centro de atención una vez que la conferencia terminó. Horas antes, Sarkozy bromeaba con Bush, escenificando un golpe de puño al mejor estilo Obama mientras los líderes se alineaban para la foto oficial.

Fue el propio Sarkozy quien presionó a un reacio Bush para que realice la convocatoria en primer lugar, y en el Willard no se mostró tímido al darse crédito a sí mismo por ello o al proclamar que la era de la hegemonía estadounidense en las finanzas mundiales había terminado. "Estados Unidos es la primera potencia mundial”, afirmó. "¿Es acaso el único poder? No, no lo es. Estamos en un nuevo mundo", agregó.

Uno de los actores importantes de la cumbre fue el Presidente ruso, Dmitri Medvedev. Medvedev ha mantenido un tono combativo con Estados Unidos en materia económica. A principios de noviembre, en un discurso, acusó a la administración Bush de "no escuchar las numerosas advertencias de sus aliados, incluyendo las nuestras”. Pero su intervención del sábado poco tuvo que ver con la economía. Habló sobre la fragilidad de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia y expresó su deseo de que el sacudón financiero se apacigüe bajo el mandato de Obama.

Más temprano, durante el encuentro en el National Building Museum, el tópico fue el libre comercio y las negociaciones comerciales multilaterales de la Ronda Doha, que pese a todas las vicisitudes que atravesó nadie se atreve a darla por muerta. Lula, que acudió a la sesión determinado a presionar por la reanudación del diálogo comercial, dio un discurso apasionado en el que detalló qué quiere el mundo en desarrollo que haga el mundo desarrollado. "No pedimos ayuda; pedimos fondos”, dijo el brasileño. "Lo que queremos es arreglar sus propias economías. Lo mejor que pueden hacer por nosotros es volver a crecer”, indicó.

20 naciones fueron invitadas a participar en la cumbre, y sólo 2 son dirigidas por mujeres. Una de ellas, la Canciller alemana Angela Merkel

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