El consumo interno, saturado - Ignacio Iriarte (*)

Con la exportación paralizada, la sobreoferta de carne se vuelca en su totalidad al mercado doméstico, pero sin provocar bajas en los precios.Los frigoríficos habilitados hacen Hilton con cuentagotas y a precios entre 40 y 45 por ciento más bajos que hace tres meses.

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21deNoviembrede2008a las07:10

Con exportaciones limitadas a muy reducidos volúmenes, y sin la posibilidad de seguir acumulando más carne en cámara porque ya no hay espacio físico ni capacidad financiera para ello, la todavía muy alta sobreoferta de ganado se vuelca en su totalidad al consumo interno que, a esta altura, se muestra saturado.

El exceso de oferta de los feedlots destruye el sub mercado de carne chica, destinada al consumo de los sectores de mayores ingresos.

Esa mayor oferta de ganado liviano tendría que determinar bajas proporcionales en los precios al mostrador, que a su vez estimularían un mayor consumo; pero los precios al público no bajan, o bajan poco.

La oferta sigue alta. La enorme suma derivada del hecho que 400 mil ó 500 mil cabezas mensuales provenientes del feedlot se venden a precios 20-25 por ciento más bajos que hace tres meses es apropiada por un lado por la intermediación –que con esto financia la pérdida de valor del cuero y los subproductos– y por otro lado por los minoristas, que aunque "vilipendiados y escarnecidos" son los que hoy se están haciendo cargo de absorber toda la carne disponible (con márgenes extraordinarios) y que el problema no sea mayor aún.

La exportación vende desordenadamente enormes volúmenes de carne de novillos pesados (cruza, Holando) y de vaca (manufactura y conserva) a un mercado doméstico que no está preparado y ni predispuesto a absorberlo; salvo que la rebaja de precios sea extraordinaria.

Esa carne se termina vendiendo, pero a fuerza de bajos precios, porque una vez que los exportadores han vendido a los supermercados y distribuidores habituales el volumen que usualmente colocan en el mercado interno (parrilleros, peceto, colita, entre otros), el excedente es muy trabajoso de vender.

Exportación, sin negocio. La oferta ganadera, aunque más baja que en julio-setiembre, cuando promedió cerca de las 300 mil toneladas de carne mensuales, sigue siendo alta a causa de la seca, del desánimo de los productores, del pico estacional de oferta de los feedlots y por la liquidación en curso.

La exportación está haciendo Hilton con cuentagotas y a precios (11 a 12 mil dólares por tonelada) entre 40 y 45 por ciento más bajos que hace tres meses; quedarían no menos de 25 mil toneladas de cortes de alto valor a Europa para cumplir en menos de siete meses.

Rusia, un mercado que está casi cerrado, muestra un muy tímido interés por muy bajos volúmenes, y sobre la base de valores hasta un 50 por ciento inferiores a los que se pagaban tres meses atrás.

No hay perspectivas de que los importadores rusos reanuden sus compras antes de enero; Argentina está muy barata, muy competitiva, pero nuestros competidores (Brasil, Australia, Paraguay y Uruguay) siguen acumulando carne en sus cámaras y novillos en sus campos a la espera de que el mercado ruso reabra.

Tanto a los importadores rusos como a los europeos se les ha cortado abruptamente el crédito, e intentan hacer plata los altos stocks de carne comprados a precios ciento por ciento superiores a los actuales.

Sus monedas se han desvalorizado entre 25 y 40 por ciento en relación al dólar, y la caída del consumo local, especialmente por cortes de alto precio, es ostensible.

(*) Analista del mercado ganadero y de carnes

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