Se multiplican las presiones para devaluar y el dólar no encuentra techo

Con menor fuga de capitales, sin corridas bancarias y con la inflación controlada por el freno de la actividad económica, la suba gradual del dólar gana adeptos.

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05deDiciembrede2008a las07:41

Tarde pero seguro. Desde hace semanas que el tipo de cambio sólo podía ir en una dirección, hacia arriba. La tozudez del Gobierno por tener el dólar planchado fue cediendo al ritmo de la devaluación de los países vecinos y el derrumbe del precio de los commodities. Los analistas ajustaron sus pronósticos y prevén una paridad cambiaria de $ 3,50 para fin de año y no menor a $ 4 para 2009.

Hubo múltiples presiones para devaluar. El precio de la soja abajo de los 300 dólares por tonelada y el barril de petróleo por debajo de u$s 50 hundieron hasta los u$s 64.000 millones la proyección de exportaciones en 2009, muy por debajo de los u$s 72.000 de este año. El saldo comercial se reduciría de u$s 13.000 millones a sólo u$s 5.000 millones dando un duro golpe a la cantidad de divisas disponible en el mercado local. Con la inflación bajo control por el freno brusco en la actividad económica, se cayó también el principal impedimento para devaluar.

Todo apunta a que la crisis financiera internacional será más prolongada de lo previsto y mientras tanto, los inversores preferirán refugiarse en la moneda verde. El dólar se revaluó y se tornó más complicado sostener la paridad sin sacrificar reservas.

Con el inicio de una guerra de devaluaciones entre países de la región, cada economía buscó retener sus mercados a expensas del vecino. Desde agosto pasado, Brasil devaluó 43% el real, México 30% el peso, Chile devaluó 26% y Uruguay 22%.

Asimismo, con una inflación minorista inercial de dos dígitos, el alza de costos restó rentabilidad a industriales y exportadores que pidieron a gritos una devaluación para recuperar competitividad externa.

“El último en darse cuenta que el tipo de cambio de equilibrio no era 3,30 fue el BCRA que quiso mostrar poder de fuego y regaló dólares a $ 3,04. En un mundo de incertidumbre, comprar dólares era la única inversión segura”, comentó un analista.

Como en los 90, el dólar quieto alimentó la fuga de capitales que trepó a u$s 30.000 millones en los últimos seis meses, una cifra que equivale a 10% del Producto Interno Bruto. Sin embargo, en noviembre se frenó tanto el pánico de compras minoristas como la salida de depósitos. El presidente del Banco Central, Martín Redrado, sostuvo hace pocas semanas que la Argentina no estaba lista para una devaluación brusca, pero el gradualismo empleado por la Autoridad Monetaria resultó un arma de doble filo. La gente percibió que el ajuste no acababa de producirse y que cada centavo de depreciación era un giro más de un brazo que no termina de torcerse.

Teoría del derrame versión K

El paquete de reactivación que será financiado con los aportes previsionales se sustenta en una adaptación heterodoxa de la indefendible teoría del derrame neoliberal. No se trata en este caso de un crecimiento para pocos que más adelante derramará sus virtudes sobre los trabajadores, sino de una inversión que, según promete, brindará los frutos necesarios para pagar más y mejor a los futuros jubilados. El peligro de miopía es evidente. No todas las inversiones, públicas y privadas, serán rentables y los fondos utilizados para amortiguar el impacto de la crisis podrían hipotecar las jubilaciones al quebrantar la solvencia intertemporal del Estado. En el largo plazo, todos estaremos jubilados.

Por Santiago Chelala.

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