Una nueva barrera para el biodiésel

La Unión Europea estudia una norma que no considerará sustentable al biodiésel de soja.

20deDiciembrede2008a las08:31

En los últimos dos años se llevaron a cabo en Argentina significativas inversiones que posicionan al país como uno de los grandes oferentes en el comercio internacional de biodiésel, con una capacidad instalada que muy pronto se ubicará en 1,9 millones de toneladas anuales, la que es bueno recordar, incorporó tecnología de última generación.

Los EE.UU. y la Unión Europea constituyen los principales mercados para la colocación de este combustible renovable. Dentro de la Unión Europea, Alemania es el país que, desde muy temprano, tomó el liderazgo en la materia.

En la Unión Europea se está tratando un proyecto de directiva de energías renovables para 2020, que incluye entre sus metas una cuota para el uso de biocombustibles equivalente al 10 % de la utilización en el transporte hacia dicha fecha. Dentro de muy pocos días es probable que se trate oficialmente este proyecto en el Parlamento Europeo.

El texto de esta directiva incluye la cuestión de la sustentabilidad del biodiésel que se consuma dentro de este régimen. Y, a través del Anexo VII que forma parte del mismo, se establece por defecto un porcentaje de reducción teórico de Gases Efecto Invernadero (GEI) de los distintos tipos de biocombustibles provenientes de diversas materias primas -entre ellos, el biodiésel de soja- con relación al respectivo combustible fósil que sustituye.

Originalmente, este último producto no estaba incorporado al mencionado Anexo VII y luego si se lo incorporó, pero con una reducción de GEI por defecto del 31%, cuando la reducción mínima de GEI que establece el proyecto de directiva para que un biocombustible sea apto a los efectos de cumplir las metas previstas, es del 35 %. De esta manera, y de ser aprobada esta legislación tal cual, el biodiésel de soja no se considerará sustentable y por lo tanto quedará excluido de las metas, salvo que en cada partida exportada se demuestre por vía de la identificación específica y certificación independiente, que sí es sustentable.

Para establecer la cuantificación del porcentaje de reducción de GEI que aporta el biodiésel de soja a lo largo de toda su cadena de valor, el Joint Research Centre (JRC) fue la fuente considerada por la CE. Aquel organismo informa que se basó en información aportada por EE:UU. y Brasil, para luego concretar el desarrollo que se incorporó en el antes mencionado Anexo VII.

Sería lógico entonces que el JRC revise el informe respectivo, incorporando información aportada por Argentina, país muy relevante en el mercado mundial de soja y sus derivados industriales, el que sin dudas puede aportar ventajas comparativas a EE.UU. y Brasil. Porque es necesario considerar que en la Argentina casi un 80 por ciento de la superficie implantada es en siembra directa, que por su ubicación geográfica las superficies aptas para cultivos en zonas tropicales del país no superan el 10 por ciento de la potencial superficie agrícola total, que la distancia promedio desde las zonas de producción a los puertos es mucho más corta, que no hay trabajo esclavo, etcétera.

Si esta revisión no ocurriera, se estaría estableciendo una nueva barrera para-arancelaria, como en su momento lo fue la fijación dentro de la CE de un Indice de Yodo -uno de los parámetros de calidad del biodiésel- de 120, sesgándolo a favor de la colza.

Paralelamente, en este momento tiene estado legislativo en el Parlamento de Alemania un proyecto de ley que plantea restricciones a la utilización de biodiésel de soja y palma, al establecer a los oferentes de biodiésel una exigencia consistente en demostrar que el biodiésel consumido en su territorio es sustentable a lo largo de toda la cadena de valor, obligación que en cambio no es requerida al biodiésel de colza, que se considera sustentable por defecto.

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