Las "verdades" del mercado, patas para arriba en el país y en el mundo

Es el Estado siempre el que, en definitiva, carga con los costos de los errores privados.

22deDiciembrede2008a las07:35

En la Argentina se ha puesto de moda la teoría de que ahora los liberales, por algunos llamados "ortodoxos" y por otros "aferrados a los principios clásicos" son los que han descubierto el mercado, algo que no responde a la realidad.

La famosa frase "privatizar las ganancias y socializar las pérdidas" tiene décadas y siglos de uso. No es una iluminada expresión producto de los tiempos contemporáneos.

El presidente estadounidense George W. Bush ya en las postrimerías de su ejercicio plagado de errores y mala gestión, dijo: "Abandoné los principios de la economía de mercado para salvar el sistema de economía de mercado". Hacía referencia a las intervenciones millonarias que el mismo impulsó en los últimos meses para hacer frente -por ahora con magros resultados- a la crisis.

¿Es tan así? La realidad muestra a las claras que no existe una línea divisoria entre el Estado y las economías de mercado. En definitiva, el Estado pertenece, forma parte de la economía de mercado, y actúa todos los días, a toda hora, para proteger e impulsar el sistema de producción capitalista.

La línea de intervención del Estado apunta, en todos los casos, a salvar empresas, bancos, compañías de seguros. Incluso los economistas más protestarios y críticos de los errores del sistema, como recientemente premiado Paul Krugman, admite que muchas consecuencias no deseadas se podían haber evitado si no se dejaba caer a Lehman Brothers. La industria automotriz no se quiso quedar atrás y ha pedido, del mismo modo, un imprescindible socorro. En los momentos de expansión, el Estado promueve la acción privada, con el mismo énfasis que en los períodos de contracción económica sale a socorrerla.

En la Argentina, uno de los principales reproches que se escuchan últimamente es si las cosas no hubieran resultado más fácil teniendo un Fondo Anticíclico, el mismo que inició el ex ministro Roberto Lavagna y después se olvidó. Por qué no se tomaron previsiones. Pero no todo lo equívoco y precipitado sucede en la Argentina.

El presidente Lula da Silva, en Brasil, acaba de aprobar un mecanismo de estatización de la deuda externa privada, similar al que la Argentina implementó en 1982, en el gobierno militar, con Domingo Cavallo (en su primera experiencia en el Estado) como titular del Banco Central. En el colapso de 2001, el Gobierno salió a congelar y pesificar depósitos con el objetivo de licuar deudas, para sortear una infinita cadena de quiebras de compañías a las que les faltaba muy poco para tirar la toalla.

Ahora, el gobierno argentino, con plata de la caja de la ANSeS, acumulada después de la estatización de la jubilación privada, dinero que en definitiva es de los jubilados, financia con créditos baratos para el momento actual, la compra de autos, algo que favorece más a la industria automotriz, constituída por filiales de empresas multinacionales. Algunos creen que el Gobierno no apuntó ahora a respaldar sólo a las empresas sino que su propósito fue evitar mayor conflictividad sindical ante la posibilidad de suspensiones por mucho tiempo o despidos o cualquier tipo de racionalización. Todo esto en días con permanentes frentes de tormenta y con el temor de que el reclamo de los trabajadores rebalse los diques de contención de los gremios.

Otros observadores consideran que no alcanzará dinero alguno si la crisis multiplicada, tanto en la ciudad como en el campo argentino, puede expulsar el año próximo segmentos de población de las líneas de producción.

La economía de mercado no puede actuar sin la autoridad y sin el auxilio del Estado que, en definitiva, las banca "en las buenas y en las malas". A través de leyes de desregulación, flexibilidad laboral busca abrirle al "mercado" nuevas alternativas que al ch

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