Reaparecen los invernadores - Por Ignacio Iriarte (*)

Después de las elecciones, hay más interés por invernada e incluso por vientres. Todo muy moderado, pero marcando una tendencia que se irá acentuando en las próximas semanas. La competencia de los invernadores a pasto complicará a los “feedlots“.

17deJuliode2009a las07:30

Oferta todavía muy alta, demanda floja, precios a los que les cuesta despegar. El feedlot está ofreciendo su pico máximo anual, la seca y un invierno más duro de lo esperado fuerzan nuevas ventas de vacas, mientras terminan de salir los últimos novillos pastoriles, casi todos encerrados o semi-encerrados a ración, novillos hechos a pura plata.

Hay algunos elementos nuevos: después de las elecciones, hay más interés por invernada e incluso por vientres. Todo muy moderado, pero marcando una tendencia que se irá acentuando seguramente con el paso de las semanas.

Hay menos invernada: ya no se registran grandes remates y lo poco que queda en directo, o en el escritorio de algunos consignatarios, tiene hoy una demanda muy firme, que está dispuesta a pagar mejores valores.

Además, estaría apareciendo –después de muchos meses– la demanda de los invernadores, que vienen de un fracaso agrícola y vuelven a creer en la ganadería, especialmente en ciertas zonas que han demostrado ser marginales para la agricultura.

Los matarifes, los frigoríficos de consumo y los frigoríficos de exportación son los protagonistas del mercado de invernada: se apuran a comprar porque ven muchos meses por delante con una oferta de invernada muy reducida, sobre todo si dentro de 50-60 días comienza a llover.

¿Quién va a conseguir un ternero o un novillito recriado en los próximos meses, cuando se agote la escasa oferta actual? Hoy se podría decir que los engordadores le temen más a las lluvias de primavera que a cualquier otro factor adverso, de los muchos que amenazan al negocio del feedlot en la Argentina: el fin de los subsidios, la disponibilidad y el precio del maíz y de los pellets, nuevas intervenciones del Gobierno.

Si después de un año sin lluvias de importancia, con los números muy complicados para varios cultivos, y con seis o siete millones de cabezas menos, se pone a llover, como dicen los climatólogos, la caída de la oferta de invernada puede ser fatal y la competencia de los invernadores a pasto puede imponer precios para la invernada que el feedlot no pueda pagar.

Todos los años baja el índice de ocupación de los corrales en el último bimestre y parte de enero; luego empieza a aparecer la cabeza de destete, se empieza a insinuar la suba del gordo ("la ventanita") de marzo-abril y los feedlots vuelven a reponer y se llenan.

Pero este año los problemas con la reposición (en precio y en cantidad) han comenzado inusualmente temprano, y hoy, a mediados de julio, es más lo que se vende gordo que lo que se repone. Esta tendencia es todavía moderada, y los grandes feedlots, por la escala que tienen y por la profesionalidad desarrollada, se hacen del maíz, de la invernada y de los subsidios, que en general cobran con menos atraso que los engordadores más chicos o menos profesionales.

Matarifes y frigoríficos, y buena parte de la hotelería, actualmente reponen todavía casi todo lo que venden, pero los feedlots más chicos, los que cobran el subsidio tarde, o todavía nunca cobraron, o los que se han inscripto recientemente, o los que nunca se registraron, hoy pierden plata y están reponiendo menos de lo que venden.

A medida que la pérdida económica se agranda, y los pagos de los subsidios se atrasan o aumenta la incertidumbre, mayor es el número de los que no quieren aumentar los riesgos y dejan de reponer. Pero todos se preguntan: con millones de hectáreas vacías, con miles de campos despoblados, con la necesidad de repoblar que se presentará, ¿cómo podrá el feedlot competir contra el pasto desde setiembre hasta marzo?

(*) Analista

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