El real se aprecia con fuerza y relega los pedidos de devaluación del peso

En un año, el peso se devaluó 23%, mientras que el real recuperó la paridad respecto del dólar que tenía antes de la tormenta mundial. Consultoras revieron previsiones.

17deSeptiembrede2009a las07:29

La continua apreciación del real calmó la presión sobre el peso y los ánimos devaluatorios de buena parte de la industria local y de una porción significativa de la academia, que, de derecha a izquierda, veía al dólar cambiándose por $ 4,20 en promedio hacia fin de año. El ingreso de dólares a Brasil y la consecuente valorización de su moneda tornó a la Argentina más competitiva respecto de su principal socio.

Después de haberse devaluado casi un 40% luego del quiebre de Lehman Brothers, hace ya un año, el real recuperó paulatinamente el valor que tenía antes de lo peor de la crisis y ayer cerró en 1,80 reales por dólar –antes del fin de Lehman estaba a 1,85 por dólar–, debido al fuerte y constante ingreso de divisas a la principal economía de Sudamérica. Paralelamente y sin movimientos bruscos, el peso se devaluó 23 por ciento, desde los $ 3,11 por dólar a los $ 3,85 de ayer.

“La apreciación del real le vino bien a todo el mundo”, afirmó Marina Dal Poggetto, economista del Estudio Bein. Es, básicamente, lo mismo que decir que la industria cedió en su pedido de devaluar el peso para ganar competitividad. “Descomprime un poco, pero no zanja el problema de la integración”, aceptó un empresario.

Entre mayo y julio, ingresaron a Brasil unos u$s 13.000 millones en bonos, acciones y otros activos financieros. Otro tanto fue invertido en la economía real, de los cuales cerca de u$s 5.000 millones provinieron de terceros países.

Paralelamente, la fuga de capitales de la Argentina no se detenía –recién mermó en agosto– y el Banco Central dejaba escapar el dólar, centavo tras centavo, hasta los $ 3,86 de hace tres días.

La Argentina respondió con barreras comerciales, como el freno a las licencias no automáticas y la ampliación de procedimientos antidumping. De esa manera, intentó contener un posible derrame de productos brasileños –y de otros países–, que finalmente no se produjo.

Reacomodamiento

Parte de la industria acepta que el reacomodamiento de la relación peso–real calmó las aguas, aunque no vería con malos ojos que la depreciación del peso continúe. Y las consultoras modificaron sus previsiones para fin de año.

Si veían al dólar por encima de los $ 4,20 y algún economista se atrevía a llegar a $ 5, ahora efectúan correcciones semana a semana y lo ubican entre los $ 3,96 y $ 4,06, en parte debido a que este mes se revirtió la tendencia de fuga de capitales y habría un ingreso neto de divisas por primera vez en meses. “Brasil significa hoy el 40% del comercio externo”, explicó Osvaldo Cado, economista de la consultora Prefinex. “Cuando a principios de año todos veíamos el dólar a $ 4,30 era porque el dólar estaba 2,30 reales y nadie esperaba que baje a 1,80”, prosiguió.

Desde los círculos académicos afines al oficialismo hay posiciones diversas, pero todos coinciden en que la depreciación del peso debería continuar su camino.

Los más extremistas son Aldo Ferrer y Eduardo Curia, que quieren al dólar en niveles cercanos a los $ 4,50. Pero otras posiciones más flexibles dentro del plan Fénix sugieren continuar con la devaluación administrada hasta niveles de $ 4,20 por dólar. “Depende de si se toma como referencia la competitividad de 2005 o de 2006”, explicó una fuente que participa de ese debate.

Más allá de eso, lo cierto es que el tipo de cambio pasó a un segundo plano en la agenda del empresariado local. “Eso no soluciona para nada los graves problemas de fondo que hay”, afirmó un industrial.

El empresario ejemplificó con lo que sucedió con Brasil y la fabricación de automóviles una década atrás. “Cuando dev

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