Los nutrientes son la clave

El autor afirma que en la última campaña sólo se repuso el 31% de los nutrientes que los cultivos se llevaron de los suelos. Reclama una mayor apuesta por la fertilización y destaca que, este año, la cantidad de kilos de granos necesarios para comprar los fertilizantes es mucho más baja que en campañas anteriores, lo cual alienta a los productores a invertir.

31deOctubrede2009a las08:33

Los números de la campaña pasada muestran que los suelos de nuestro país perdieron 1.800.000 toneladas de nutrientes. A Pesar de la baja producción de granos, el descenso de volumen de fertilizantes aplicado el año pasado no llegó a aportar más que el 31% de los nutrientes extraídos por la cosecha. El cultivo de soja explica el 85% de este desbalance. Esto se puede explicar a partir de dos factores: es el cultivo en el que menos nutrientes se reponen (14%) y, en la campaña pasada, el 55% de la superficie destinada a la producción de granos fue sembrada con soja de primera.

En este sentido podemos agregar que tenemos dos caminos que, lejos de contraponerse, se sinergizan: para mejorar el balance de nutrientes a nivel país, es tan importante tener una rotación de cultivos en los campos como aumentar la fertilización de esta oleaginosa.

¿Cómo podemos revertir esta situación? La fertilización de la soja permite elevar el rendimiento hasta un 20% y evita el desgaste de los suelos. Las condiciones están dadas: ha quedado ampliamente demostrado que el cultivo responde a la fertilización; los diagnósticos de suelo reflejan la deficiencia de nutrientes claves para el cultivo; la relación insumo-producto es favorable y la interacción con los inoculantes potencia la eficiencia de la fertilización. Hoy, el paquete tecnológico, ya sea desde la genética y la semilla como desde los agroquímicos y fertilizantes; sumado a la práctica de la siembra directa, permite apuntar a una campaña de máximos rendimientos en soja.

La respuesta a la aplicación de nutrientes en soja y su interacción con la nodulación, ha quedado demostrada en una red de ensayos realizada por Fertilizar, INTA y la FAUBA. En el caso del fósforo, es importante en suelos francos con menos de 12 ppm de fósforo extraíble y menos de 15 ppm en franco arenosos. A esto se suma la tendencia positiva esperada a lo largo del 2009 en la relación insumo-producto. En 2008, la relación era de 2,34 kg de fertilizante fosfatado por cada kg de soja, y hoy es de 1,15.

La Cátedra de Fertilidad y Fertilizantes (UBA) explica cuáles son las necesidades de nutrientes de la soja y el rol de cada uno en el incremento de la producción. Se puede predecir una deficiencia de fósforo mediante un análisis de suelo y valores críticos de disponibilidad, lo que se podría corregir mediante la fertilización fosforada del cultivo. Los criterios para el cálculo de dosis son: fertilizar el suelo (enriquecer y mantener, en función de una disponibilidad objetivo) o fertilizar el cultivo (basado en la respuesta y la relación de precios entre el grano y el fertilizante).

Por otra parte, se han observado deficiencias de azufre en el centro sur de Santa Fe, sudeste de Córdoba, y norte, oeste y sur de Buenos Aires, asociadas al bajo contenido de sulfatos a comienzo del cultivo y a la baja capacidad del suelo de proveer sulfatos durante el ciclo. Tanto la provisión inicial de sulfatos como la mineralización posterior pueden ser afectadas por el cultivo antecesor en el caso de la soja de segunda. No se ha desarrollado aún un método de diagnóstico que permita predecir con una precisión aceptable una deficiencia de azufre en el cultivo de soja de primera.

En cuanto al nitrógeno (N), afirma que las aplicaciones de altas dosis a la siembra sólo consiguen inhibir la fijación de N sin ningún beneficio adicional sobre el cultivo. En la región pampeana no parece ser necesario agregar pequeñas dosis de N a la siembra para cubrir las necesidades de N del cultivo hasta el esta

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