La economía ni corre ni se desmaya, sino que renquea

Desde el oficialismo dijeron que este año no habría recesión y la hubo. ¿Todavía la hay? Es difícil decir. No se ve una recuperación vigorosa, por cierto, ni siquiera en las más que sospechables cifras oficiales.

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21deNoviembrede2009a las08:14

En todo caso, la mejoría no es pareja, alcanza algunos sectores, mientras que otros siguen en problemas. Es por eso que el margen para aplicar aumentos o recomposiciones de precios o tarifas no es igual para todos.

Por ejemplo, en materia de servicios públicos, en septiembre, el rubro electricidad, gas y agua tuvo una demanda 1,4% más baja que la del mismo mes del año anterior. En el transporte de pasajeros, el retroceso fue de 9,9%; en el de cargas, 1,7%, y en peajes, 1,7% menos. ¿Cuál fue el segmento del rubro transporte y comunicaciones que creció? Telefonía, con el 22,9%, fruto del mayor uso de la telefonía celular. No es nada raro que sea justamente allí donde se aplique un aumento de precios.

En el caso del comercio exterior, hay que consolarse simplemente pensando que en los meses anteriores la situación fue peor. Pero los últimos datos no son buenos. La situación empeora más despacio, no está mejorando. La retracción de las exportaciones en octubre se debe mucho más a la caída de las cantidades vendidas al exterior que a los menores precios. El efecto de los menores despachos en la caída de la "facturación" por ventas al extranjero es el doble de malo que el que causan los precios internacionales más bajos. La perspectiva de la Argentina con menor capacidad para vender al extranjero no es auspiciosa. Es lo que pasa con la carne vacuna, el trigo y el maíz, sólo por mencionar rubros tradicionales en los que las políticas de precios de los Kirchner y las medidas restrictivas de las ventas al exterior han tenido efectos nefastos.

Lo que se ve son algunos sectores que tienen alguna demanda adicional y que por ello tienen oportunidad de recomponer sus márgenes, si es que no tienen competencia o sustitutos a mano.

La gran desconfianza en el Gobierno por parte de los que toman decisiones de inversión y el enorme descrédito que la actual gestión tienen, sumado a un clima de confrontación constante, hacen impensable que se desate un proceso de fuertes inversiones, que es lo que la Argentina necesita para poder volver a crecer de manera intensa y sostenida y de ese modo aspirar a mejorar el empleo y la distribución del ingreso.

Si la economía se recupera, como todos los analistas parecen creer, se encontrará con los mismos problemas que tenía en 2008 y que el Gobierno niega: una inflación con ritmo al doble que la actual y la crisis energética. La inflación ha sido sistemáticamente negada por las autoridades, cuya principal medida ha sido falsificar los índices. En el caso de la energía, han comenzado las medidas desesperadas. El Gobierno que mantuvo las tarifas congeladas durante años ahora promete una tarifa tan alta como sea necesario para que se hagan nuevas obras. La pregunta no es si estos problemas volverán, sino cuándo.

Jorge Oviedo

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