Poscosecha y calidad de la soja

Las nuevas tecnologías que contribuyen a un paso clave de la campaña.

Por Rodrigo Bonazzola

Luego de acompañar al cultivo en todo su proceso de desarrollo, llegó la hora de cosecharlo. Esta etapa es tan crucial como las anteriores, ya que puede determinar diferentes factores, como por ejemplo la humedad del grano. Además, es un período donde el clima también juega un rol importante, las repentinas lluvias pueden complicar el estado del suelo y retrasar la cosecha.


Cebe destacar que durante la campaña 2017/18 la cosecha de soja registró pérdidas de 2,27 millones de toneladas, producto de los importantes anegamientos. En parte, esa pérdida se dio por no poder trillar a tiempo, por lo que con el paso de las lluvias se hizo imposible.


En este sentido, un ingreso a destiempo puede provocar que el grano que cosechemos no se encuentre dentro de los estándares de calidad que exige el mercado. Cabe destacar que con el avance del desarrollo tecnológico de las cosechadoras, la pérdida de granos mermó gracias a que en muchas ocasiones la maquinaria brinda información útil para regulación, incluso algunas se autorregulan. Por este motivo, se detallan diferentes puntos a tener en cuenta:


Diego Villarroel del INTA Manfredi comentó a Agrofy News que muchas empresas están mostrando nuevas tecnologías principalmente en el tema de cosecha porque hacen mejorar la labor y aumentan la eficiencia. Estos desarrollos se dan principalmente en automatismo y mejor trato de los granos.


En la actualidad, el mercado ofrece cosechadoras equipadas con tecnología, que incorpora cámaras dentro de su sistema que identifica si el grano está entrando partido, sucio, o con otros problemas y actúa en consecuencia. Esta herramienta es capaz de reducir o aumentar la velocidad, alertar al conductor, y lograr así una máxima eficiencia.


En este sentido, Villarroel comentó que con las mejoras se logró una menor pérdida en cosecha y poscosecha. “El proceso de cosecha ha ido evolucionando en muchos aspectos, no solo en la agricultura de precisión, sino también vemos que hay desarrollos en flotabilidad para no ser tan agresivos con el campo”.


Las mejoras mencionadas también desarrollaron sensores que permiten ver la humedad con la que se está cosechando. Este dato es importante ya que cosechar la soja con demasiada humedad en los granos obliga a realizar un secado que representa un costo mayor.


Ante este panorama cabe preguntarse, ¿cuál es el momento óptimo para ingresar con la cosechadora? En base a esta situación, Villarroel comentó que el momento oportuno tiene muchos aspectos para analizar, ya que si se dispone de tiempo se puede jugar con esa libertad para elegir el momento. Ante una gran superficie el especialista de INTA Manfredi aconsejó: “Ingresar con un poco de humedad para llegar al momento final de la cosecha con las condiciones pactadas para entregar”.En este sentido, Villarroel comentó que el productor cuenta con tecnología para hacer una pasada con la cosechadora y ver en sitios específicos la humedad. “De esta forma, hace un paneo general de la variabilidad de humedad que tiene el lote”.


Desde INTA año a año realizan recomendaciones para evitar la pérdida de granos por cosecha. Según informes preliminares de la campaña 2017/2018, en la cosecha de soja se perdieron 2,27 millones de toneladas y la tendencia continúa alcista.


Una vez cosechado el lote llega el momento de almacenar los granos para luego destinarlos a la comercialización. Así como en el proceso de trilla es importante la humedad, en el almacenaje también. Para guardar la cosecha se pueden utilizar dos formas: silo bolsa y silos convencional.


Almacenamiento en silo bolsa

Este sistema de almacenaje suele ser unos de los más usados por los productores para solucionar los problemas logísticos que presenta una nueva campaña. Uno de los factores claves para esta herramienta es el hermetismo que hay que resguardar.


En este sentido, el INTA desarrolló una serie de medidas a tener en cuenta a la hora de trabajar con silo bolsa. De esta manera hay que prestar principal cuidado en las técnicas de cierre, evitar roturas durante el armado y el almacenamiento. A la hora de comenzar con el armado del silo, es importante contar con un terreno bien preparado. Tener un suelo firme y parejo evita la acumulación de agua de lluvia.


Además se debe evitar armar el almacenamiento sobre rastrojo ya que puede perforar el silo bolsa. Otra dato a tener en cuenta es la orientación, que debe ser norte-sur para que tenga una distribución pareja de la humedad. Por otra parte, es muy importante que el sistema esté armado de manera recta por eso se recomienda utilizar una guía al momento del armado.


Una vez preparada la bolsa y el terreno, sigue el llenado que es uno de los pasos más críticos a la hora de conservar el grano. En esta oportunidad hay que tener cuidado con la desuniformidad producida por las paradas de la máquina. Para evitar los baches y generar acumulación de aire se recomienda realizar una correcta detección de la máquina. Un mal llenado ocasiona espacios con aire que facilitan la condensación de agua por migración. Este fenómeno se potencia si el grano a guardar posee alto porcentaje de humedad. Además hay que tomar un gran número de muestras mientras se avanza en el proceso para tener un gran conocimiento de las condiciones del grano.


Como se destacó con anterioridad, el cierre del silo bolsa es un punto crítico dentro del sistema. Luego de completar el llenado con el grano correspondiente, se debe contar con cinta o termo sellado para realizar el cierre. Estos métodos están pensados para un correcto cierre por lo que con aplicalos bastaría para un cierre hermético. Pero aún queda otro elemento a tener en cuenta, el escurrimiento del agua. Para evitar filtraciones, se debe realizar una zanja en el extremo del silo bolsa, luego enterrar la punta. De esta manera se obtiene una terminación continua y genera un buen escurrimiento.


Una vez concluido el armado del silo bolsa no es momento para relajarse. Por más de que se hayan respetado cada una de las recomendaciones, no sirven si no se hace un monitoreo de manera regular. Es importante controlar cada 30 o 45 días si no hay anomalías en el estado de la bolsa.


En primer lugar se recomienda cercar los silos bolsa con alambrado eléctrico para evitar daños. Luego se pueden llevar a cabo 2 tipos de controles: uno es mediante el uso de calador, midiendo en todo el perfil del silo si hay alteración en la calidad, o la presencia de olores objetables, debido a la fermentación que implica el comienzo de deterioro.


Como método de monitoreo se pueden ir golpeando ciertas partes del silo bolsa y donde se encuentra una dureza. En ese caso hay que realizar un muestreo. Por otra parte, en caso de una rajadura hay que utilizar un parche adhesivo que otorga mayor eficacia.


En el caso de almacenar el grano en silos convencionales de chapa es importante tener en cuenta la concentración del material fino a la hora del llenado. La acumulación de este material dificulta una correcta aireación provocando un deterioro del grano. En esta situación la mala circulación del aire provoca que en el centro del silo se desarrollen insectos, hongos y toxinas en esa zona, al mismo tiempo que el mayor caudal de aire en los laterales puede sobre secar los granos de la periferia.


Desde INTA recomiendan realizar la limpieza del grano antes de ingresarlo al silo y luego descorazonar el silo o instalar desparramadores de granos.

Esta práctica consiste en extraer la columna central del silo, que por decantación posee el material fino. Se estima que se debe extraer el 3% del grano almacenado, hasta invertir levemente el pico.

Cabe destacar que durante el llenado es relevante cuidar el nivel de la superficie de los granos almacenados. Se debe evitar la formación de un pico típico, ya que provoca una mayor aireación en los laterales, poniendo en riesgo la zona central. Por este motivo se realiza el descorazonado y nivelado de la superficie. Por otra parte, no se debe sobrellenar el silo ya que se generan problemas a la hora de monitorear y los granos contra la pared queda con mohos.

Como se mencionó antes, todos los detalles durante el proceso son importantes para tener un buen grano a la hora de vender. Los principales factores que afectan la calidad son la humedad, granos dañados, presencia de materia extraña, granos verdes, entre otros.


Por este motivo es importante tener en cuenta cuáles son los estándares comerciales, para tener un conocimiento previo a actuar de acuerdo a lo deseado en el desarrollo de la planta. El INTA realizó un relevamiento de la zona núcleo de la campaña 2018/2019. Este muestreo arrojó que los rendimientos marcaron un récord nacional con un promedio de 33,5 quintales por hectárea.


Además remarcaron que la calidad comercial fue buena, con promedios de grano dañado y grano verde por debajo de la base de comercialización y, con buenos valores de pesos hectolitros y mil granos. Por su parte, la humedad promedio fue de 12,8%.


Cabe destacar que las normas de comercialización establecen que los granos no pueden exceder el 13,5% de humedad. De caso contrario, a la mercadería recibida que exceda ese límite le descontarán las mermas correspondientes, de acuerdo a las tablas establecidas.


El informe del INTA detalló que en la campaña pasada el promedio de proteína fue de 35,4%, un 0,8% superior a la cosecha 2017/2018. El promedio de proteína en soja de 1ª fue de 35,2% y la soja de 2ª fue de 35,7%.


En cuanto al porcentaje de grano dañado en la campaña, el estudio del INTA arrojó un valor promedio de 1,2%. Dentro de estos granos, se pueden encontrar granos brotados, fermentados, ardidos, dañados por calor o podridos; para estos casos la tolerancia es de 5%. Los estándares de comercialización señalan que para valores superiores al 5,0% se rebajará a razón del 1,0% por cada por ciento o fracción proporcional.


Otra dato a tener en cuenta es la presencia de granos negros, desde la Cámara Arbitral señalaron que la tolerancia es del 1%. Por su parte, para los granos quebrados y/o partidos, la tolerancia es de 30%, pero a partir del 20% y hasta el 25,0% se rebajará a razón del 0,25% por cada por ciento o fracción proporcional.


Para valores superiores al 25,0% y hasta el 30,0%, se rebajará a razón del 0,5% por cada por ciento o fracción proporcional. En el caso de valores superiores al 30,0% a razón del 0,75% por cada por ciento o fracción proporcional.