Roya: lo que el viento se llevó

El INTA y el Servicio Meteorológico miran cómo impactan los fenómenos de la atmósfera en el hongo.

13deNoviembrede2010a las08:45
Investigadores del INTA afirman que se podría alertar en forma temprana la presencia de la roya en los cultivos de soja, mediante el análisis de la circulación atmosférica que conduce a la llegada de esporas del hongo.

El posible impacto económico de la roya obliga a anticipar las acciones de prevención.“La importancia de esta detección temprana radica en minimizar las elevadas pérdidas económicas que provoca el desarrollo de la enfermedad sobre el cultivo”, afirma Roberto De Ruyver, quien se desempeña en el Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar y coordina una investigación sobre esta temática.

Según su trabajo, “la atmósfera juega un rol trascendente en el transporte de especies que resultan invasoras en regiones remotas” y su transporte “depende de la tasa reproductiva de los patógenos, de la turbulencia y la estabilidad atmosférica y de la velocidad del viento”, entre otras.

La roya asiática de la soja (RAS) es una enfermedad altamente destructiva producida por el hongo Phakopsora pachyrhizi, caracterizada por disminuir el área fotosintética de la planta y provocar la defoliación anticipada.

Se detectó por primera vez en Asia, a comienzos del siglo pasado, y actualmente, debido a la rapidez de diseminación de sus esporas, afecta a países de África, Australia y América, donde fue detectada en 2001 en Paraguay y en Brasil.

En la Argentina se registró por primera vez en 2002. En el país hay casi 19 millones de hectáreas con cultivos de soja y se producen unas 50 millones de toneladas, por lo que el impacto que puede tener esta enfermedad obliga a los productores a analizar el riesgo y encontrar estrategias adecuadas de prevención y control.

El trabajo, realizado por investigadores del INTA y del Servicio Meteorológico Nacional, analiza por primera vez las situaciones meteorológicas asociadas con la llegada de esporas de RAS en el país.

En este sentido, “el conocimiento y la predicción de procesos en la atmósfera que resultan favorables para la dispersión del patógeno permitiría mejorar las acciones de prevención de la enfermedad con una mayor anticipación a la actual”, sostiene De Ruyver.

A través de la captura de las esporas en una trampa ubicada en el INTA Paraná –Entre Ríos–, los investigadores llegaron a la conclusión de que circulaciones con vientos del norte y noreste sobre el país facilitan su llegada desde Paraguay y Brasil.

En el envés de las hojas pueden verse pequeñas manchas de colores –del amarillo al marrón rojizo– que liberan esporas del hongo para ser trasladadas a otras latitudes y que conllevan la potencialidad de infectar cultivos de soja ubicados a grandes distancias, ya que además pueden sobrevivir hasta 50 días.

Por ello, “la determinación del tipo de circulación favorable para el transporte de esporas permitiría alertar en forma temprana la disponibilidad del patógeno a nivel local. Los procesos infectivos se podrán producir si las condiciones meteorológicas son propicias para ello”, concluye el investigador del INTA.