La producción, al frente

En Corrientes, el CREA Aguapey transformó los bajos en praderas de pasto Nilo. La plantación fue clave.

03deSeptiembrede2011a las08:08

Las nuevas regiones ganaderas, en ambientes subtropicales, deben contemplar diversos aspectos del ambiente y del manejo del pasto para lograr la máxima producción de carne.

Las empresas integrantes del CREA Aguapey (región Litoral Norte), en Corrientes, lograron transformar uno de los sectores más improductivos de los campos en un recurso clave para recriar terneros. Y lo hicieron a partir del desarrollo de una maquinaria ingeniosa para mejorar una nueva especie para pastoreo.

El pasto Nilo (Acroceras macrum) es una especie forrajera originaria de Africa que presenta muy buena digestibilidad. Está adaptada a ambientes inundables, como las costas de ríos y arroyos, es decir, sitios con un bajo costo de oportunidad en el uso del recurso suelo, donde otras especies no podrían prosperar.

“Por su digestibilidad, el pasto Nilo permite mayores ganancias de peso vivo, pudiendo llegar al peso de entore en vaquillonas cruza a los 20 meses de edad, anticipando así entre 6 y 12 meses su primer servicio”, indica Mauricio Losada, asesor del CREA Aguapey.

“Tal como ocurre con la mayor parte de las pasturas megatérmicas, la curva de producción del pasto Nilo es marcadamente estacional, con un significativo aporte durante la primavera que se va moderando durante el verano”, destaca el asesor.Respecto al manejo del forraje, Losada dice: “En ambientes de bañado con pasto Nilo, es necesario contar con potreros cercanos de buena calidad que funcionen como buffer ante eventuales problemas climáticos (sequía o inundación)”. Así como esta pastura se presenta como excelente alternativa para ambientes marginales, tiene la desventaja de que no produce semilla fértil, para lo que la regional le encontró una solución.

El pasto Nilo solo puede implantarse a través de material vegetativo. Por tal motivo, Roberto Schefer, integrante del CREA Aguapey, desarrolló una máquina específica para sembrarlo. El sistema que comienza con la extracción de material vegetativo y finaliza con una plantadora de cuatro surcos, permite una implantación totalmente mecanizada, de hasta ocho hectáreas por día.

Para contar con el material vegetativo a tiempo para la siembra es necesario desarrollar un “semillero” de pasto Nilo, al menos un año antes de la implantación a gran escala. Es conveniente que aquél se localice cerca del lote por implantar. “Normalmente, con una hectárea de semillero se pueden obtener partes vegetativas suficientes para implantar unas 15 hectáreas con esta especie”, señala Losada.

La maquinaria, desarrollada con tecnología propia, consiste en tres equipos. El primero es el extractor de “mudas” (partes vegetativas), que realiza un corte vertical y horizontal de una capa de aproximadamente cinco centímetros de profundidad del tapiz vegetal para obtener “ravioles” –que incluyen raíces y parte aérea– de alrededor de 5 centímetros cuadrados. Luego, a través de una noria, los “ravioles” se cargan en el acoplado acarreador, que los transporta hasta el lote en el cual se encuentra trabajando la máquina plantadora.

La plantadora consiste en un acoplado con un piso móvil que permite el acarreo del material vegetativo hacia su parte trasera, acercándolo, así, al tren de distribución que cuenta con cuatro surcos de plantación. “Se probó la plantación directa, pero con resultados muy aleatorios, por lo cual por ahora se prefiere la plantación con preparación convencional”, comenta Losada.

El costo de la plantación para esta zona está en torno de las 6,5 UTA -unidad de trabajo agrario- (de las cuales 2,5 UTA son necesarias para la preparación convencional del terreno y los restantes para la extracción, traslado y plantación mecanizada). “En ambientes donde no se adaptan las especies de semilla y en aquellos siti

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