Y en el Norte, también

Un tambo y un feedlot de punta le permiten a Gustavo Lee transformar maíz y alfalfa en leche y carne.

10deSeptiembrede2011a las08:28

Arraigada en el paisaje del Valle de Lerma, una zona tradicionalmente tabacalera a solo 30 kilómetros de la ciudad de Salta, la empresa de la familia Lee es un claro ejemplo de las enormes posibilidades que brindan actualmente el cultivo de maíz y su conversión en carne y leche en el norte argentino. En 220 hectáreas propias y alrededor de 800 arrendadas, producen maíz y alfalfa para alimentar a las vacas de su tambo, obtener 12.500 litros de leche por día y, además, engordar a más de 700 novillos. Gustavo Lee recibió allí a Clarín Rural y contó la historia y los detalles de un planteo que no tiene nada que envidiarles a los tambos más grandes de la cuenca santafesina.

El padre de Gustavo, de quién heredó el nombre, compró allí una pequeña porción de campo en 1982 y sentó las bases para la producción de tabaco y el desarrollo del tambo. Varios años más tarde, en 2006, tras estudiar ingeniería industrial en Buenos Aires, Gustavo se incorporó a la empresa, y al poco tiempo comenzó a llevar adelante una fuerte transformación productiva con la incorporación de infraestructura y tecnología de punta. Actualmente, la producción de tabaco sigue siendo una actividad importante en el esquema, pero los años y la coyuntura pusieron al maíz y la alfalfa en un lugar de mayor privilegio; son el alimento que nutre al plato principal, el tambo y el feedlot.

El tambo de los Lee cuenta con 390 vacas en producción y más de 800 animales en total, y el promedio diario de producción es de 31 litros de leche por vaca. Se trata de una muy buena cifra para los estándares de la zona, pero no llama la atención cuando uno ve el nivel de ajuste y precisión que hay en cada componente del esquema productivo.

El vínculo entre tecnología y eficiencia es una constante en la empresa. Cada animal del tambo tiene desde su nacimiento un chip en la oreja que recolecta datos y los transforma en una alimentación y cuidado adaptados a cada momento. La guachera, por ejemplo, que tiene capacidad para 120 terneros por día, detecta con un sensor la cantidad de leche y alimento balanceado que le tiene que dar a cada recién nacido. Es una dieta estricta que va variando desde el día 0 al 60, cuando se le corta la leche y el ternero sigue con alimento sólido. “Así, los terneros no se quedan con hambre ni se empachan, se crían bastante parejitos. Luego, las hembras quedan en el tambo y los machos van al feedlot”, comenta Lee.

Más tarde, en el período productivo, cada vez que una vaca entra a la zona de ordeñe emite una señal a una antena y una base de datos registra la cantidad de litros que produce. “Día a día se mide la producción y el peso del animal, y en base a eso se le formula una dieta. Hay cuatro rodeos distintos en producción, con cuatro dietas distintas”, detalla el productor, y explica que de esos cuatro rodeos, hay tres grupos divididos por estado de lactancia y uno especial para las vaquillonas primerizas, que suelen ser más tímidas a la hora de comer y son corridas del comedero por las vacas más viejas. A alrededor de los 90 días después del parto es cuando las vacas consiguen el pico máximo de producción.

El confort de los animales cumple un papel fundamental en la calidad productiva, y Lee lo sabe muy bien. Por eso, invierte en cada detalle de esta especie de spa lechero. “Mientras produce, la vaca no se mueve y se le lleva el alimento al corral para que gaste toda la energía en producir leche. El alimento se compone de alfalfa fresca, maíz molido, expeller de soja molido y silo de maíz, más los concentrados proteicos. Casi todo lo producimos nosotros; lo único que compramos son los concentrados y el expeller de soja, del que consumimos 20.000 kilos por mes”, cuenta Lee.

Por su parte, la zona de ordeñe cuenta con un piso de goma recién traíd

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