Carne bovina: repetir lo bien hecho

Terminando el año, la industria exportadora de carnes bovinas tiene más incertidumbres que certezas sobre el escenario 2012.

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10deDiciembrede2011a las08:05

La certeza es que la presente escasez de ganado para faena se proyectará a lo largo del próximo año, por lo que tendremos altos precios del novillo restando competitividad y limitando las exportaciones como ocurriera en 1998. La experiencia muestra que, en estas condiciones, 2012 será un buen año para los ganaderos. La industria, en cambio, enfrentará un año complicado y deberá hacer severos ajustes para sobrevivir.

En cuanto a las incertidumbres, las mismas se formulan en las siguientes preguntas:

¿Cómo se resolverá la crisis de las principales economías del planeta y se afectará el consumo de nuestros productos?
¿Cuáles serán las políticas nacionales para el sector?
La situación económica internacional se irá develando en los próximos meses y poco es lo que podemos hacer para modificar los resultados.

Es previsible que la escasez de ganado para faena se irá revirtiendo progresivamente en los próximos años en una medida proporcional a las inversiones que se hagan en la producción. De allí la importancia de despejar incertidumbres dando respuestas a las que se originan en las políticas públicas.

Con este objetivo resulta de suma utilidad recoger la experiencia de dos modelos aplicados en nuestro país y cuyos resultados están a la vista:

Por un lado, las políticas adoptadas por la Argentina y Uruguay desde 2003 hasta octubre de 2005. Caracterizadas por ausencia de intervención en los mercados y sin restricciones a las exportaciones. En ese período, las señales del mercado sin distorsiones indujeron fuertes inversiones y produjeron los mejores resultados de la historia agroindustria bovina argentina (récord de exportaciones, consumo y producción sustentable en 2005). También fueron las mayores contribuciones del sector en un modelo sustentable al bienestar general (divisas, empleo, recursos fiscales).

Por el otro, las políticas adoptadas localmente a partir de octubre de 2005 caracterizadas por las restricciones a las exportaciones, el recorte de la competitividad (suspensión de reintegros y aumento de las retenciones) y la intervención en el mercado doméstico. A su vez, la adopción de complejas disposiciones para exportar que autorizan embarques caso por caso contra entrega de cortes al mercado interno a precios de quebranto generaron costos directos e indirectos y erosionaron la rentabilidad y la competitividad de las exportaciones. ¿Resultados? Caída en el consumo, altos precios en el mercado doméstico, caída de las exportaciones, menos ingresos de divisas y de recursos fiscales, y una industria exportadora que enfrenta una de las crisis más importantes de su historia.

Estos dos marcos regulatorios pueden ser evaluados con datos de la experiencia reciente. El primero produjo los mejores resultados de la historia. El segundo, agravado por los efectos de una importante sequía, ha llevado a una situación que es urgente revertir.

El Gobierno está elaborando con el sector una estrategia para que éste haga en 2016 las máximas contribuciones al bienestar. En lo inmediato, disipar la incertidumbre en materia de política pública doméstica es quizás el primer desafío de la administración que se inicia el 10 de diciembre. Volver al exitoso modelo aplicado hasta 2005 pareciera ser la medida indicada para recuperar la confianza de los inversores y poner a la agroindustria de las carnes bovinas en la senda de crecimiento.

Por Héctor Salamanco  / Director ejecutivo del Consorcion Exportador de Carnes .

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