La llegada de las lluvias
La llegada de las lluvias, bastante abarcadoras aunque con algunos agujeros típicos de los años Niña, permitieron ratificar un concepto clave para la Argentina: el mundo está pendiente de lo que ocurra en estas pampas.
Una lectura mezquina haría centro en la “debilidad” de un país cuya evolución depende de las lluvias. Una visión más inteligente indagaría sobre los límites reales de un modelo de desarrollo basado en las ventajas competitivas desarrolladas para atender una demanda en crecimiento explosivo. Abrazamos esta teoría hace muchos años, cuando desde estas páginas remarcamos, semana tras semana, la oportunidad que significa la transición dietética de los pueblos más poblados del planeta, más el maravilloso descubrimiento de que el almidón de los cereales puede convertirse en una alternativa al petróleo.
Estos dos drivers impactaron decisivamente en los dos productos en los que se especializó la Argentina en los últimos treinta años: la soja y el maíz. Ambos forman parte de las raciones de todas las especies que proveen proteínas animales. No es el hambre en el mundo el motor de la demanda. Es el dinero de los asiáticos, que ahora pueden poner una patita de pollo sobre el plato de arroz. En China abre un Kentucky Fried Chicken cada 19 horas. Yum, la dueña de la franquicia (también de Pizza Hut) se convirtió en la empresa de food service más grande del mundo.
El pollo, el cerdo, la leche, la carne vacuna, son maíz y soja con valor agregado. El etanol compite por el maíz con todos ellos. El biodiésel es el destino del aceite, la parte de la soja que no va a alimentar a los animales.
