El absurdo límite al comercio del maíz
Una de las consecuencias de estas medidas es que en el año en que los Estados Unidos fracasó en su producción de maíz por la sequía, y en un contexto histórico favorable para la Argentina, no sólo el país no aumentó el área de siembra sino que disminuyó
En mayo de 2008 se instauró un sistema de cupos a la exportación de granos y derivados que afectan de una particular y perniciosa manera al cultivo de maíz.
La supuesta intención de esta resolución, emitida en su momento por la disuelta Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), es autorizar sólo la exportación de volúmenes considerados como el "remanente exportable" y que no afecten el consumo interno.
Para calcular el "remanente exportable", antes, durante o después de la cosecha, se convoca habitualmente a la "Mesa del maíz" que, en teoría, reúne a todos los integrantes de la cadena de valor de ese cereal aunque en la práctica los sectores de la producción nunca están invitados.
Se recurre a la precariedad de que se trata de una simple suma de la cosecha actual más el remanente de la pasada menos el consumo interno estimado. No se tiene en cuenta que el cálculo es sumamente complejo ya que el maíz tiene, en otros granos forrajeros y subproductos, sustitutos tales como el sorgo, el maíz ensilado, la cebada forrajera y otros que funcionan como vasos comunicantes, generando una dinámica de reemplazos según accesibilidad, costos y calidades disponibles en el mercado, que varían sustancialmente año a año. También existe todos los años una importante variabilidad en la cantidad demandada por los distintos sectores que consumen granos forrajeros.
