¿Y si directamente sacaban las retenciones?
Durante las últimas siete campañas, el Gobierno no se privó de utilizar todas las herramientas imaginables para desestimular la siembra del trigo.
El cierre de exportaciones, los registros para exportar (ROE) y las listas de productores son algunas de las trabas que convirtieron a la comercialización del trigo en un largo vía crucis.
En estos años el trigo dejó de ser una commoditie, producto que es posible liquidar en los mercados de un día para el otro, para convertirse en un speciality, al que los productores debían encontrar un operador a medida que les hiciera el favor de comprarles. Casi como si en lugar de trigo se vendiera nuez moscada.
A los chacareros les llegó a parecer anecdótico que los descuentos en el precio superaran, en algunos meses del año, el 40 por ciento. Al 23% que tributaban por retenciones se agregaban descuentos adicionales de más del 16% por el manejo discrecional de toda la operatoria. Buena parte de la aversión a sembrar trigo se explica por el malhumor que genera. "Estamos hartos de andar suplicando a los molinos para que nos compren", era la queja habitual.
