Una agenda legislativa que no considere los problemas del campo generará más costos que beneficios

La actual estructura tributaria constituye una bomba de tiempo para muchas economías del agro local. La agenda agropecuaria no existe, el sector sólo es considerado como un aportante de recursos.

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Una agenda legislativa que no considere los problemas del campo generará más costos que beneficios
28deOctubrede2013a las07:22

La vida de todos los argentinos depende de las divisas generadas por el campo. Pero en la política local –fenómeno que excede al peronismo en todas sus versiones– la agenda agropecuaria no existe. El sector sólo es considerado como un aportante de recursos. Nada más.

Terminaron las elecciones: nada nuevo. El próximo Congreso –si sumamos los votos del Frente para la Victoria y del Frente Renovador– será tan mayoritariamente peronista como lo venía siendo hasta ahora.

La novedad es que, en el contexto actual, la decisión de no incluir el campo en la lista de temas prioritarios hace que sea sólo cuestión de tiempo que algún aspecto de la agenda agropecuaria estalle para instalarse en la agenda por su propio peso específico.

Un ejemplo. La decisión de seguir cuotificando y cobrando retenciones virtuales a la próximas casi inexistentes exportaciones de trigo, además de generar precios imposibles para la harina, promueve una destrucción de valor superior a los recursos que se pretenden generar con esa política. Entender esto ha dejado de ser un tema ideológico: es ahora una cuestión de mera supervivencia.

El campo es la última carta que nos queda. Necesitamos una buena cosecha para abastecernos normalmente de energía. Es decir: necesitamos que llueva bien para no quedarnos a oscuras.

La clave es que los legisladores comprendan que seguir atentando contra la principal fuente generadora de divisas en un momento de extrema debilidad económica es una conducta suicida. O propia de un ejército de ocupación.

En ninguna nación sudamericana exportadora de commodities agrícolas se aplican derechos de exportación (en Paraguay hubo un intento que finalmente fue desactivado). Tampoco se implementan cupos ni licencias para obstaculizar las exportaciones (al contrario: se las fomenta).

Lo importante, en definitiva, es que los legisladores –más allá del partido al que pertenezcan– entiendan que en la actual coyuntura no hacer nada en materia agropecuaria tiene un costo altísimo. Ayer fue la carne bovina. Hoy es el trigo. Mañana será el maíz. Quizás se termine de entender todo sólo cuando finalmente caiga también la soja.

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