El campo reclama los frutos de su competitividad

La Argentina no explota todo su potencial agropecuario, a pesar del alto nivel competitivo del sector. La rentabilidad en baja pone en juego el futuro de la inversión.

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El campo reclama los frutos de su competitividad
13deDiciembrede2013a las06:42

El agro representa más de un 30% de la economía nacional. El Gobierno debe encontrar un esquema para recuperar reservas e incentivar a los productores y exportadores a que incrementen su producción para recuperar divisas y no restringir las importaciones", aseguró Antonio Aracre, presidente de Syngenta Latinoamerica Sur, que estuvo acompañado de Gerardo Bartolomé, presidente de Don Mario Semillas, y su homólogo de MSU, Manuel Santos Uribelarrea, en el panel Agro, moderado por José Del Rio, director periodístico de Apertura e Information Technology y director Adjunto de El Cronista Comercial. 

Bartolomé echó por tierra el mito de que el campo gana mucho dinero. “El gran ganador del campo es el Estado, que se está llevando, entre retenciones e impuestos provinciales y municipales, un gran porcentaje de la renta”, sentenció. “La inflación pega de lleno en los costos de producción y genera una caída en la rentabilidad y el derrame de la misma. Por eso, hoy, no se ve el mismo auge en los pueblos del interior que hubo hace cinco o seis años", indicó.

Para Santos Uribelarrea, el aumento del porcentaje de soja sobre el total de cultivos representa un problema, ya que le ganó espacio al trigo, maíz y girasol y en cierta manera esto atenta con la sustentabilidad productiva, al no lograrse el nivel de rotación adecuado. Sin embargo, el CEO de MSU reconoció que el cultivo debe ser considerado orgullo nacional por todo lo que ha generado y genera. “Gracias al nivel de eficiencia que logramos en la Argentina, nos posiciona como la Arabia Saudita de la soja, en materia de proteínas vegetales. Por eso, no creo que haya que demonizarla”, indicó

Otro de los cultivos mencionados en el panel fue el trigo. Santos Uribelarrea sostuvo que la caída en la siembra, que pasó de seis a 3,6 millones de hectáreas y de 18 a poco más de ocho millones de toneladas en tan sólo cuatro años, se debió a una distorsión en las retenciones reales sobre el producto, que alcanzaron el 50% del valor del cereal y redujeron el precio interno a sólo u$s 140. “Cuando el stock cayó y peligró el autoabastecimiento, el precio despegó y llegó a valer u$s 800, sólo un año y medio después”, aseguró. Para Bartolomé, el cereal no sólo representa un tema económico, también es importante para el equilibrio agronómico de los suelos. El ejecutivo señaló que “podemos volver a sembrar ocho millones de hectáreas muy pronto, si se crea previsibilidad en la conformación del precio para incentivar el productor”.

Ante este panorama, Aracre recordó que el pronóstico global parece auspicioso para la Argentina, ya que China e India seguirán creciendo e incorporando nuevos consumidores de alimentos más sofisticados que el país puede producir. “Pero para seguir siendo competitivos, en la Argentina, no hay que descuidar que es posible gracias a la innovación y la rápida adopción de tecnologías por parte de los productores y esto debe seguir ocurriendo siempre y cuando la rentabilidad lo permita, por eso es importante tener en cuenta esas variables”. F.S.

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