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El arroz en Argentina aún es puro potencial

A pesar de contar, a nivel mundial, con una de las áreas más favorables para su cultivo, el arroz argentino no logra despegar, manteniéndose estancado en alrededor de 230.000 hectáreas.

Por Susana Merlo* | Ambito Financiero

  • arroz argentina aun es puro potencial
    Fuente: Ambito Financiero

A pesar de contar, a nivel mundial, con una de las áreas más favorables para su cultivo, el arroz argentino no logra despegar, manteniéndose estancado en alrededor de 230.000 hectáreas, repartidas en 5 provincias, aunque las principales son Corrientes (45 %) y Entre Ríos (30 %).

El hecho de que junto con el trigo constituye uno de los pilares alimentarios, y casi la dieta básica en muchas regiones, especialmente asiáticas, hacen que el arroz haya casi "surfeado" sobre el debilitamiento de los precios internacionales de los restantes commodities por la desaceleración económica y sólo resultó especialmente afectado por las condiciones climáticas que determinaron uno de sus picos de precios internacionales en 2011/12 (por sequía), mientras que ahora la amenaza de nuevos problemas le están dando un soporte que le permite aguantar relativamente los precios, a pesar de la presión de la cosecha del hemisferio norte. Por supuesto que los niveles distan de aquellos extraordinarios de alrededor de u$s 1.000 por tonelada del 2008.

Mercado local

Localmente, sin embargo, el panorama no es demasiado alentador. Al contrario. A pesar de que buena parte de la producción se destina al mercado internacional (65%, y 35% mercado interno, de 1,5 millón de toneladas cosechadas de arroz cáscara 2013/14), debido al muy bajo consumo interno de 6,3 kilos por persona y por año, frente al récord de Panamá con 70 kilos per cápita. 

Pero para los productores, que ya debieron enfrentar condiciones climáticas muy adversas en la campaña anterior (temperaturas extremas, lluvias copiosas, etc.), el continuo aumento en los costos de producción, la creciente presión impositiva, más el costo de los fletes internos, y las restricciones operativas que impone la administración central, determinan que el cultivo se mantenga apenas por encima de 1 millón de toneladas de cosecha, sólo algo más de lo que produce Uruguay cuando, en realidad, esa cifra podría multiplicarse hasta por 15 a largo plazo por el potencial de tierras.

De hecho, si se hubiera mantenido la tendencia de 1998, cuando se llegaron a cosechar 1,6 millón de toneladas (casi el mismo volumen del año pasado), es probable que hoy la cifra superara holgadamente esos guarismos. 

El hecho de que buena parte de los países sean productores de arroz es lo que determina que su comercio internacional sea relativamente bajo (algo más de 30 millones de toneladas), sin embargo, la Argentina tiene ventajas agroecológicas que, aprovechadas, significarían ventajas competitivas que hoy no se ven.

Y si las condiciones internacionales vigentes hacen que "la política tenga una influencia particular" (en el cultivo), según pronostica un estudio de FAO-OCDE, en la Argentina esa incidencia hoy es muy superior, entre otras cosas, por la confusión e inseguridad que genera para las inversiones.

Y el caso del arroz es particular, no sólo por el alto requerimiento de capital inicial de su cultivo (movimiento de tierras, canales, terrazas, pozos de bombeo, etc.), sino porque depende especialmente de la energía (riego) y el financiamiento, además, lógicamente, del clima.

En este caso, si bien el mercado internacional aparece más o menos estable (con las subas y bajas habituales en plena cosecha del hemisferio norte), y hasta se prevé algún sostén adicional por problemas en alguna región, de las restantes condiciones, dos plantean restricciones locales muy fuertes: una, energía, infraestructura y financiamiento, y la otra (el clima) está lo suficientemente variable como para no hacer apuestas demasiado riesgosas.

Hay que tener en cuenta que los productores ya vienen bastante descapitalizados por los altísimos costos de dos campañas anteriores, cuando los calores extremos y la sequía los obligaron a importantes desembolsos adicionales para proveer el agua necesaria para el cultivo, que se estima en unos 1.500 litros por kilo obtenido del cereal.

En ese contexto, la falta de financiación, y el nivel del tipo de cambio que le resta competitividad a las ventas al exterior, son determinantes para el desarrollo de un cultivo que mercería mejor suerte.

(*) Con la colaboración de www.rutadearroz.com

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