El agro paraguayo: las claves del boom sojero

Conozca, de primera mano, el potencial sojero del vecino país. Allí, la intensificación es el factor central que está transformando la producción agrícola.

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En su salsa. Marcos Portz, productor en la zona de Katueté (Paraguay), logró rindes de más de 3.800 killos por hectarea la campaña pasada.

En su salsa. Marcos Portz, productor en la zona de Katueté (Paraguay), logró rindes de más de 3.800 killos por hectarea la campaña pasada.

17deEnerode2015a las08:42

Paraguay se transformó en los últimos diez años en una potencia sojera. Por una cuestión de superficie, está lejos de Brasil, Estados Unidos y la Argentina, pero en la franja de ese país que bordea al río Paraná, frente a la provincia argentina de Misiones, se puede observar algunas de las más grandes extensiones sembradas con la oleaginosa, y con un enorme potencial para crecer en rendimientos en los próximos años.

Clarín Rural visitó esos campos de suelos rojos, arcillosos, ricos en hierro y potasio, y conversó con productores y asesores para conocer la cultura productiva de un país que de golpe y en silencio se ubicó en el sexto lugar del ranking mundial de productores de soja, y cuarto entre los principales exportadores.

Visto desde el aire, el paisaje se va transformando de sur a norte. Partiendo desde la localidad de Encarnación, en el departamento de Itapúa, se pueden ver campos en los que el rinde promedio de soja ronda los 2.643 kilos por hectárea. Allí, entre los productores prevalecen los rubios de ascendencia germana y las explotaciones son de unas 100 hectáreas en promedio.

Más hacia el norte, ya en el departamento de Alto Paraná, las unidades de producción comienzan a agrandarse y los rindes promedio alcanzan el máximo nacional: 3.370 kilos por hectárea.

Alto Paraná lidera la producción paraguaya de soja con una superficie cultivada de 918.306 hectáreas y una cosecha de 3.095.146 toneladas. De esa zona es Alban Grem, quien llegó a la localidad de Cruce Itakyry cuando era niño de la mano de su padre, provenientes de Brasil. Desde entonces trabaja la tierra y actualmente cuenta con 20 hectáreas propias pero administra otras 1.100 hectáreas.

“Este año hacemos soja, luego 300 hectáreas de maíz safrinha y trigo”, dice, y agrega: “La soja la siembro a 45 centímetros entre hileras y con 13 semillas por metro, y espero cosechar 3.500 kilos por hectárea”. Una de las principales diferencias de Paraguay respecto de la Argentina es que en el vecino país del norte prácticamente no hay invierno, por lo que la siembra se adelanta.

En agosto y septiembre ya se está sembrando los primeros lotes de soja, y en diciembre se cosecha una gran parte. Luego muchos vuelven a sembrar soja o maíz, los famosos cultivos “safrinha” que también son comunes en Brasil. Por su parte, el trigo, que se siembra alrededor del 25 de abril y se cosecha en septiembre, a Grem le rinde habitualmente unos 2.800 kilos por hectárea.

Un oceano de soja

Ya en el departamento de Canindeyú, cerca del embalse Itaipú, la mayoría de los productores habla portugués y tiene raíces brasileñas. Aquí, el rinde promedio es de 2.683 kilos por hectárea y las explotaciones son de entre 500 y 1.000 hectáreas. Claro que hay otros, como Germán Hutz, que con su grupo familiar maneja unas 20.000 hectáreas en la localidad de Troncal 3. En este momento, sus campos son lo más parecido a un océano de soja. Durante muchos kilómetros no se ve ni un alambrado, ni una vaca, ni un choclo.

A pesar de que el sol aprieta sin piedad, es un día agradable para lo que se acostumbra en la zona.

El poroto pinta bien, pero necesitará más lluvias en los próximos días porque con los intensos calores de la zona el buen estado del cultivo durará muy poco.

Las precipitaciones anuales promedio son de 1.800 milímetros, lo cual es un nivel pluviométrico alto, pero también las temperaturas de diciembre son elevadas y normalmente se ubican por encima de los 40 grados.

Mientras observa el horizonte, Marcos Portz, productor de la localidad vecina de Katueté, comenta que en su campo de 1.300 hectáreas el año pasado logró un promedio de 3.800 kilos de soja.

Este año, Portz comenzó a sembrar el 10 de septiembre utilizando semillas de ciclos largos, 6.2 y 5.9. “Antes de sembrar use glifosato más 2,4-D, y luego gramoxone para combatir a la buba”, detalla el productor. La “buba” es nada más y nada menos que la rama negra, la maleza que más dolores de cabeza genera a los productores en Paraguay, y que también es una especie de las más problemáticas en la Argentina.

Portz, al igual que la mayoría de los paraguayos, cuenta con su propia maquinaria. Tiene dos cosechadoras, dos sembradoras y una pulverizadora. Entre las claves de producción, remarca la importancia de una buena fertilización.

“En la siembra de soja uso cuatro kilos de nitrógeno por hectárea y treinta de fósforo. Luego, entre 25 y 30 días después para que no se volatilice, agrego diez kilos de potasio. Para el maíz uso ocho kilos de nitrógeno, veinte de fósforo y veinte de potasio”, detalla el productor.

De esta manera, con un doblete sojero por año y afinando el manejo a pura prueba y error, el oriente paraguayo apunta a crecer en el mapa mundial de la oleaginosa. Las historias productivas, el ejemplo de la transformación.

LA SANIDAD, EN FOCO

Paraguay es un símbolo del potencial sojero del Mercosur. En las últimas diez campañas el país vecino pasó de sembrar 1,8 millones de hectáreas de soja a ocupar con la oleaginosa 3,5 millones de hectáreas -la superficie agrícola total es de 5,5 millones de hectáreas-, y la producción creció de 3,5 millones de toneladas en la campaña 2003/04 a casi 10 millones en la campaña 2013/14.

Los departamentos de Itapúa, Alto Paraná y Canindeyú, en la franja oriental del país, encabezan la producción de soja, y sobre el Paraná, las plantas de procesamiento paraguayas transforman unos 3,5 millones de toneladas en aceite y harina. De esta manera, el sector agrícola es responsable del 45% del PBI y del 80% de las exportaciones.

Pero el techo paraguayo aun parece estar lejos, sobre todo si se considera que los rendimientos promedio no se incrementaron. Seguramente, uno de los puntos a mejorar es el manejo sanitario. Carlos Chávez, técnico de desarrollo del semillero argentino DonMario en Paraguay, destacó, en diálogo con Clarín Rural, que el principal problema sanitario es la roya y las enfermedades de fin de ciclo. En cuanto a las plagas, la anticarsia y la chinche suelen ser las más problemáticas, y la rama negra es la maleza más problemática.

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