En la zona núcleo, el manejo de los detalles hace la diferencia

En campos de la zona núcleo, con estrategias sustentables y aplicando tecnología de procesos e insumos, logran altos rindes en todos los cultivos.

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Martín Ambrogio evalúa las pérdidas de cosecha en soja, la última campaña.

Martín Ambrogio evalúa las pérdidas de cosecha en soja, la última campaña.

31deAgostode2015a las08:05

“Estamos convencidos que la diferencia se logra prestando atención a los detalles… no son sólo palabras, así lo entendemos y lo ponemos en práctica”, enfatizó Martín Ambrogio, como carta de presentación, a Clarín Rural. 

Ajustes en el manejo (densidades, fertilización, control de malezas, rotaciones), ensayos con nuevas tecnologías, maquinaria propia y la gestión en la compra de insumos y la venta de granos, son los pilares sobre los que se apoya Estancia Don Sebastián para mantener a flote un negocio familiar que ya lleva tres generaciones y encuentra en la pasión el condimento para seducir a una cuarta

Martín Ambogio representa la generación que salió del campo para estudiar y capacitarse y volvió al terruño con la visión de empresario, aportando impronta tecnológica y visión comercial. Se recibió en 1992 y retornó a Don Sebastián, el campo de la familia en San Basilio, en el sudoeste de Córdoba.

“Cuando en 1986/87 se empezó a hacer siembra directa estos campos ganaderos literalmente se volaban con el viento”, recordó Ambrogio, quien en 1997 y por varios años trabajó como coordinador técnico de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

Actualmente, tratan de respetar una rotación típica en la zona con trigo/soja de segunda-maíz-soja. “Apostamos a usar, dentro del contexto económico en el que estamos, la mejor tecnología, reponiendo nutrientes, con buena genética en soja y en maíz y, aunque nos cuesta mucho, tratando de no aflojar con el trigo, que es un cultivo que nos deja muy poca rentabilidad pero en campos propios lo sostenemos para poder usar más eficientemente los lotes, los recursos y las máquinas que tenemos”, reconoció.

En el sur de Santa Fe, cace pocos días, los daños de las excesivas precipitaciones.

En suelos de 3% a 3,8% de materia orgánica, con un horizonte A de 20 centímetros, un horizonte B hasta 80 centímetros y una capacidad de almacenaje de agua “excelente” que llega a los 280 milímetros a capacidad de campo, han logrado estabilizar los rendimientos de soja en 45 quintales por hectárea, maíz de 110-120 qq/ha y de trigo, “un cultivo más errático, se estaciona en 45-50 qq/ha, aunque en algunos años ha tocado los 65 qq/ha”. 

Con un legado generacional que prodigar los Ambrogio saben que el suelo debe cuidarse y entregar “entero” a los que vienen atrás. Para ello, el manejo nutricional es una de las columnas vertebrales.  La región está bien dotada de fósforo con 40-50 partes por millón (ppm) pero hoy hay lotes que tienen 6 a 15 ppm.

“En los mejores casos tratamos de mantenernos por encima de las 15 ppm, pero es un tema a estar atentos porque la falta de reposición de fósforo, impacta mucho en la producción”, reconoció el productor. La última campaña hicieron un ensayo sobre un lote que no era tan deficiente con una disponibilidad de fósforo de 14 ppm. “Aplicamos 80% fósforo y 20% azufre a la siembra con 110 kilos por hectárea y la diferencia fue de casi 500 kilos a favor de la parcela fertilizada (55 qq/ha versus 50 qq/ha) la campaña pasada”. 

Ambrogio mostró entusiasmo porque si esta respuesta se dio en un lote de los “mejorcitos” que tienen, en otros que están por debajo de las 14 ppm de fósforo se pueden augurar mayores respuestas. “La estrategia de la reposición anual de estos nutrientes es fundamental porque sobre el capital invertido tenemos casi el 100% de retorno y estamos conservando la fertilidad del suelo para los próximos cultivos”, apuntó el productor.

En maíz reponen fósforo, azufre más nitrógeno en dos momentos: la mitad a la siembra con sólidos y el resto cuando el maíz tiene seis hojas con fertilizante líquido Solmix. En lo que respecta a micronutrientes, también hicieron ensayos y, si bien aún no detectan grandes saltos de rendimiento”, consideró que hay que seguir porque “en algún momento, con los rendimientos altos la extracción es importante y se va a empezar a notar la deficiencia”.

Martín Ambrogio controla un maizal, sembrado con alta tecnología.

Al referirse a los problemas de resistencia en malezas, plagas y enfermedades, Ambrogio puso el ojo en la falta de rotaciones con gramíneas, y la escasez de cobertura de una campaña gruesa a la otra. “El productor no desconoce que la mejor solución no está en usar más productos fitosanitarios sino rotar cultivos, pero fuimos arrinconándonos hacia una sojización porque tenemos el mercado de trigo cerrado y el de maíz muy intervenido”, reflexionó. Y cerró: “Al productor le gusta hacer trigo y sabe que haciendo maíz la soja que sigue rinde 4-5 quintales más”. 

Los Ambrogio cuentan con maquinarias propias para hacer la mayoría de las labores y esto les da un plus de tranquilidad. “Si hacemos el número finito podríamos discutir si nos conviene tener las máquinas o contratar servicios, pero la filosofía como productores que nos gusta la actividad es tener todo el equipo de gente para que trabaje en nuestros campos y también es poder contar con la máquina en el momento indicado, es un costo de oportunidad”.

Finalizando el otoño, la cosecha de soja de segunda, sobre rastrojo de trigo.

Como corolario, Ambrogio advierte que no pueden permitirse errores humanos. “Hay muchas cuestiones climáticas y políticas o de comercialización, pero no nos podemos permitir fallar en el manejo, como sembrar oportunamente, que se logre el stand de plantas, el control de malezas, cosechar con bajas pérdidas y también profesionalizar la compra de insumos y la venta de los granos”, resumió Ambrogio.

Al negocio hay que cuidarlo porque “los márgenes están cada vez más apretados y en este contexto, la diferencia está en los detalles, en aprovechar las oportunidades, en buenas prácticas agrícolas y también en la gestión”, concluyó.

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