Robótica aplicada al control de malezas

Esta tecnología comenzó a desarrollarse en la Unión Europea y permite una mayor precisión en las operaciones realizadas, con beneficios económicos y ambientales.

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César Fernández-Quintanilla, investigador del Instituto de Ciencias Agrarias (CSIC) de España.

César Fernández-Quintanilla, investigador del Instituto de Ciencias Agrarias (CSIC) de España.

10deSeptiembrede2015a las12:43

La tecnología de precisión comenzó a llegar al lote productivo para el manejo de las malezas, de la mano del Proyecto RHEA (Robot Fleets for Highly Efficient Agriculture and Forestry Management), cuyos investigadores pertenecientes a ocho países de la Unión Europea evaluaron entre 2010 y 2014 el uso de robots autónomos para el control de especies resistentes.

La iniciativa, financiada por la Comunidad Europea con un presupuesto total de 8,8 millones de euros, con la participación de 16 grupos pertenecientes a centros de investigación, universidades y empresas de esa región, fue presentada hoy en el I Congreso Argentino de Malezas, que se está realizando en la ciudad de Buenos Aires.

“La utilización de este nuevo sistema está orientada a evitar la aplicación innecesaria de plaguicidas con el consiguiente beneficio económico y medioambiental”, indicó César Fernández-Quintanilla, investigador del Instituto de Ciencias Agrarias (CSIC) de España, durante una conferencia ofrecida Congreso de Malezas.

Unidad central del Proyecto RHEA

La unidad central del Proyecto RHEA es una “estación base” en la que se localizan los sistemas informáticos y dispositivos que se encargan del control de la flota, la cual está compuesta por dos drones de 6,3 kilos de peso con una autonomía de vuelo de unos 40 minutos y tres tractores pequeños con un peso de 1,83 toneladas y una potencia de 51 hp.

“En el lugar correspondiente a la cabina, que fue eliminada, se instalaron los equipos informáticos; en la parte superior se colocó una placa solar para apoyar las necesidades de electricidad, las antenas de GPS, de comunicaciones y de control de seguridad, así como una cámara de detección de líneas del cultivo y de malezas”, explicó Fernández-Quintanilla.

Para la aplicación de herbicidas se diseñó un pulverizador equipado con dos tanques independientes (uno de 200 litros para el agua limpia y otro de 15 litros para el producto), un sistema central de inyección directa y una barra de 6 metros con 12 boquillas de solenoide.

Ensayos a campo en España

En 2014 se llevaron a cabo varios ensayos en campo para evaluar el funcionamiento de la flota desarrollada y la precisión de cada una de las operaciones. Los mismos fueron realizados en la Finca Experimental La Poveda, propiedad del CSIC, situada en Arganda del Rey (a unos 20 kilómetros al este de Madrid).

“En los ensayos realizados con cultivos de trigo se establecieron artificialmente manchones de malezas. Las imágenes tomadas desde los drones permitieron definir con una gran precisión las posiciones de los manchones”, señaló Fernández-Quintanilla.

“El posterior tratamiento herbicida realizado, basado en la localización de esos manchones, fue asimismo muy preciso. Únicamente se observaron algunos pequeños errores asociados, por un lado, a un ligero atraso en la apertura y cierre de las boquillas, mientras que, por otra parte, se detectaron algunos problemas de falta de solape entre pasadas”, añadió.

“De todas maneras, se puede considerar que la flota desarrollada por el Proyecto RHEA es totalmente funcional, permite una mayor precisión en las operaciones realizadas, con los consiguientes ahorros de herbicidas, los beneficios económicos y ambientales derivados de estos ahorros y la menor exposición del operario a los plaguicidas”, concluyó.

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