Árboles y agua, un romance necesario

Los árboles son una pieza clave para la salud del ambiente y para la economía humana. Por otro lado, el agua es una pieza clave para la vida de nuestro planeta. La relación de ambos puede mejorar o deteriorar nuestro hábitat, si no tenemos en cuenta algunos conceptos.

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La producción forestal con especies de rápido crecimiento puede implicar un impacto negativo sobre los recursos hídricos locales.

La producción forestal con especies de rápido crecimiento puede implicar un impacto negativo sobre los recursos hídricos locales.

22deMarzode2016a las10:13

El uso que históricamente se ha hecho de los bosques nativos, ecosistemas pilares para el funcionamiento del sistema ecológico global y regional, ha sido amplísimo. Dada su importancia en la regulación del clima y del ciclo del carbono, así como para el mantenimiento de la biodiversidad terrestre, la sociedad vislumbra la importancia de su conservación reemplazando su función de provisión de madera y fibras por plantaciones forestales. Como consecuencia de ello, éstas pasan a ser decisivas en la satisfacción de las demandas crecientes de la sociedad sin exponer a los bosques nativos a su sobreexplotación.

La actividad forestal basada en el cultivo de árboles tiene sus propios desafíos en el marco de la sustentabilidad, entre los que el “agua”, como recurso natural, cobra especial relevancia (si bien no es el único). Estos dos integrantes del bioma –árboles y agua- poseen una relación recíproca: para producir madera hace falta agua, y la vegetación arbórea impacta los ciclos hidrológicos. Así, la escasez de este recurso genera mermas en la productividad, impactando en la sustentabilidad económica de la actividad.

Por otro lado, la producción forestal con especies de rápido crecimiento puede implicar un impacto negativo sobre los recursos hídricos locales, amenazando la sustentabilidad en términos ambientales.

¿Problemas para los recursos hídricos?

Las especies de rápido crecimiento, es decir aquellas que normalmente se utilizan en plantaciones forestales con fines comerciales, pueden utilizar varios miles de litros de agua por día y por hectárea, pero menos del 2% de esa agua queda retenida en la biomasa de los árboles. La gran mayoría del agua circula desde el suelo por el árbol y vuelve a la atmósfera, formando parte del ciclo del agua.

Los árboles, en general, poseen raíces profundas que pueden hacer un uso más exhaustivo de los recursos hídricos disponibles en el suelo, en comparación con la vegetación herbácea (pastos, cultivos agrícolas), alcanzado en algunos casos la capa freática (o napa).

Ahora bien, ¿cuándo es esperable un impacto negativo de los árboles sobre los recursos hídricos locales? La respuesta depende de diversos factores, destacándose:

  • La especie de árbol (su uso de recursos, hábito foliar, profundidad de raíces, etc.)
  • La tasa de crecimiento de los árboles
  • El nivel de cobertura de árboles
  • La profundidad del suelo y su textura, y la distancia a la capa freática
  • El clima
  • La superficie total forestada de la cuenca
  • La distancia a cursos de agua superficiales

La otra cara de la moneda

La otra cara de la moneda de la relación recíproca entre árboles y agua, se refiere al impacto de la sequía sobre el crecimiento y supervivencia de los árboles, ya sea en bosques nativos como en forestaciones con fines industriales o de remediación.

La variabilidad climática, con mayor frecuencia de eventos de sequía y temperaturas extremas, es una característica distintiva del cambio climático global. A su vez, la actividad forestal se vería particularmente afectada por estar relegada a zonas marginales para la agricultura, por la lógica competencia con este uso del suelo más rentable en el corto plazo. De acuerdo a la región, los efectos del cambio climático se sobre-imponen entonces a las limitantes propias de los sitios de implantación.

Para enfrentar estos desafíos deben desarrollarse normas de manejo para aumentar la adaptabilidad, y seleccionar genotipos más resistentes al estrés ambiental.

En conclusión…

En síntesis, la sustentabilidad en la producción forestal, así como en otras actividades productivas, requiere de conocimiento que permita la toma de decisiones a distintas escalas espaciales y temporales, y por parte de distintos actores.

En la Argentina, se viene trabajando en estas líneas desde hace algunos años, con el compromiso de contribuir al desarrollo de la sociedad sobre la base de actividades productivas rentables pero aplicadas con una visión responsable para con el medioambiente y adaptadas al desafío que impone el cambio climático global.

Fuente: EEA INTA Balcarce.

 

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