Más allá de los logros productivos: Mario donó un riñón a su hijo Máximo

Una historia de vida y una relación única entre un padre y un hijo que se extiende en un plano tan lejano como cercano a la producción agropecuaria.

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Padre e hijo sobre un colchón de pasto.

Padre e hijo sobre un colchón de pasto.

22deOctubrede2016a las11:21

El caso de Mario y Máximo Sellares podría despertar asombro por lo que es: un planteo ganadero de precisión que se destaca por sus resultados, un ejemplo de productores que decidieron salir de un esquema tradicional para mejorar sus rendimientos y llegar hasta la frontera productiva de su campo.

Pero es mucho más que eso. Comprende a la vez una historia de vida y una relación única entre un padre y un hijo que se extiende en un plano tan lejano como cercano a la producción agropecuaria, que supera largamente el hecho de que ambos son ingenieros agrónomos y que comparten la pasión de este emprendimiento de punta.

Un día, cuando Máximo tenía 20 años, y luego de varios análisis, se enteraron de que sus riñones habían enfermado y que habían dejado de funcionar. Luego de años de lucha, la recomendación fue un trasplante de riñón. Los estudios determinaron que Mario, su papá, fuera el donante.

"Nunca dudamos en donar. Lo hicimos porque la donación tiene mucho que ver con como vivimos. Uno debe estar dispuesto a dar y a comprender que el problema de uno es de todos", dice Mario que donó uno de sus riñones a su hijo.

Ahora la familia da testimonio de su experiencia de vida a través de charlas que impulsan la donación de órganos.

"Decidimos dar a conocer nuestra íntima historia de vida para dar testimonio y esperanza. Pasamos de ser, una familia enferma para reconvertirnos en la familia sana y feliz que siempre fuimos", afirma Mario. Junto a Máximo, emprendieron su mayor desafío: superar la enfermedad a través de la donación de organos.

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