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Recomendaciones para una pulverización efectiva

Las pastillas colocadas en los picos de la pulverizadora y el conocimiento del ambiente juegan un papel clave para alcanzar el éxito en las aplicaciones.

Por Juan B. Raggio | Clarín Rural

  • recomendaciones pulverizacion efectiva

La conducción de los barbechos y la protección de los cultivos de invierno hacen pensar ahora en la pulverizadora, su alistamiento y uso adecuado. Y uno de los aspectos de relevancia es comprender la importancia que la pastilla tiene en toda distribución de agroquímicos y asumir la necesidad de elegir la más adecuada para cada tarea. Entonces, cuando se cae en la cuenta de la gran cantidad de tipos y modelos disponibles, aparece la pregunta “facilitadora” ¿no existe un modelo de pastilla que sea aplicable a todas las aplicaciones que uno ejecuta? Y la respuesta es: no. Y entonces ¿cómo se elige una pastilla entre las aproximadamente 240 clases que ofrece el mercado?

Para responder esta cuestión es recomendable tener claro ciertos parámetros:

  • Qué se va a controlar (malezas, insectos, hongos),
  • Conocer y haber revisado con dedicación el catálogo técnico de la marca de pastilla que se considera como opción válida.

De no conocer esas dos cosas, nunca se manejará adecuadamente la máquina ni, mucho menos, las aplicaciones y así se le abrirá el espacio a las críticas de los que poco saben de producir alimentos sanos, pero buscan motivos para enarbolar su rechazo.

Como primera idea, es posible asumir que los que saben eligen las pastillas por su forma de distribución, y que si se busca llegar a la parte superior de las hojas de una maleza, las pastillas de abanico serán una buena opción, aunque no la única. En cambio, si el objetivo está en la cara de las hojas que mira al suelo, el cono sea la gran opción. No obstante, estos son sólo dos ejemplos burdos que, si se quiere sólo representan la “página del libro” que el buen aplicador necesita leer con avidez. El tema es “de qué se defiende el cultivo (malezas, enfermedades, insectos) y con qué se defiende o protege al cultivo”. Es bueno tener muy en claro que es muy común que no se pueda comenzar un lote y trabajar horas con un tipo de pastilla y jamás cambiarla”. Hablando de lotes grandes.

Por otro lado pero al mismo tiempo es necesario conocer las condiciones de trabajo, y en ellas el aplicador considera:

  • la máquina,
  • el piso a transitar (la “pista” a recorrer con sus pozos o irregularidades, si hay barro o no);
  • el clima con sus vientos predominantes y su dirección, velocidad y horarios; humedad relativa, porcentajes y horarios, temperatura ambiente y horarios.

 Respecto de la máquina, obviamente en primera línea se encuentra el mantenimiento del equipo, sin fugas en ningún punto del circuito del fluido, filtros limpios, presión de los neumáticos, limpieza externa e interna. Funcionamiento de todos los mecanismos, hidráulicos, comandos en general, entre ellos la bomba, el manómetro y las llaves o válvulas. Se recomienda enfáticamente seguir un cuadro de seguimiento de la máquina de confección propia.

Lo parejo del piso a transitar y las características de la máquina, definen la velocidad de avance, la cual se regula con la caja de cambios. Recordar que el régimen del motor es importante que permanezca constante debido a que define el régimen de la bomba de pulverización. Si el régimen del motor cambia, es necesario controlar de nuevo el caudal y la presión de pulverización buscando mantener los litros por hectárea constantes. En las máquinas que la bomba toma movimiento de un motor hidráulico, es necesario mantener el régimen de la bomba a través del caudal (o sea el régimen) de ese motor hidráulico. Además recordemos que la velocidad de avance del equipo, definirá el caudal de la pastilla a utilizar, y a mayor velocidad mayor caudal de la pastilla a igualdad de otras condiciones.

Por otro lado las condiciones del clima también definirá la pastilla recomendable, ya que, con 20 grados centígrados de temperatura ambiente y 80 % de humedad relativa, y velocidades de viento menores a los 12 km, las gotas pueden ser de menor volumen (200 a 250 micrones) y por ende la cobertura del objetivo más uniforme que con gotas de mayor tamaño (400 micrones), utilizadas para mitigar la deriva. Entonces, si la temperatura es de 30 grados centígrados, la humedad relativa 50% y los vientos se acercan a los 20 km/h, las gotas más grandes mejorarán la llegada al objetivo, reduciendo el efecto de la deriva, aunque en detrimento de la cobertura más uniforme. En este caso las pastillas antideriva con inducción de aire se ubican entre las más adecuadas para llegar al objetivo. Además, jamás olvidar el coadyuvante que, debido a su importancia, lo dejamos para otra nota.

Otros aspectos a tener en cuenta para la mejor llegada al objetivo, se encuentra la altura del botalón, que se conjuga con el ángulo de mojado de los abanicos (los de 110 grados se colocan a menor altura que los de 80 grados), y con la distancia entre picos. Los picos distanciados a 50 cm requieren de mayor altura que los distanciados a 35 cm y esta última reduce las posibilidades de dejar chanchos respecto de la distancia 50 cm.

También es bueno recordar, y como complemento de las condiciones climáticas vistas más arriba, que si no hay “una gota de viento” mejor es no aplicar porque se está en condiciones de “inversión térmica”.

La Inversión térmica es generada cuando se calma el viento y comienzan a ascender las capas de aire caliente –es decir las capas de aire calentadas por su proximidad con el suelo -- e ingresar por debajo de ellas las capas de aire frío –cuya temperatura es menor que la de las otras por haber estado lejos de suelo, es decir a más altura--. En esta situación las gotas asperjadas quedan suspendidas en el aire para luego ser arrastradas grandes distancias, debido al ascenso de las capas de aire próximas al suelo (más calientes que las de arriba). De esta manera se producen desplazamientos a veces de varias decenas de kilómetros-- que pueden producir graves daños en plantas sensibles al producto aplicado. Ante estas condiciones, es decir sin viento, no se puede aplicar.

El viento es un aliado de las aplicaciones ya que si las realizamos sin él, nos será muy difícil ingresar con las gotas asperjada en un cultivo cerrado. A menudo se escucha decir que la mejor aplicación es sin viento, sin embargo es sin viento cuando mayor es la probabilidad que se produzca una inversión térmica, con las consecuencias que ésta ocasiona. Las pulverizaciones con vientos a partir de 8 km/h en cultivos cerrados resultan las más efectivas, debido al movimiento del canopeo, haciendo actuar al cultivo como un conjunto de zarandas, dejando pasar las gotas asperjadas.

Las altas temperaturas y bajas humedades relativas incrementan la evaporación de las gotas asperjadas. Asimismo, con humedad relativa ambiente baja, se evaporan las gotas aún con temperaturas no muy elevadas, afectando de manera notable la aplicación debido a la pérdida de gotas, sobre todo cuando no se utiliza un antievaporante.

 

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